y tu amor me aturde, me desmaya
y me demanda poemas
como si no se me cayeran al caminar por la calle
como si no respirara poemas en tu pelo
como si no hiciera poemas en los pliegues de tu almohada,
en lo que dejas atrás sin saber, como zarcillos de tu sombra
me demandan poemas,
como quien demanda cauces al rio
o al mar sus mareas,
como demandarle flores a la primavera,
o al naranjo su azahar.
A veces no puedo escribirte, mis dedos están atados
mis manos están cautivas,
mis ojos atrapados.
Y te debo los poemas que te podría escribir,
intento defenderme;
se me anega el sentido.
le escribiría un poema al gesto de tu labio
cuando el suave seseo de tu lengua asoma entre tus dientes,
cuando se te atropellan las palabras;
le escribiría un poema
al largo segundo de tiempo persistente,
Ese infimo recinto sagrado
Dónde me habita el tiempo más denso
en que te inhalo antes de dormir.
El mundo está como desencantado hoy
a pesar del sol,
a pesar del calor que se cuela por el ventanal,
por las cortinas, por los faldones
Algo esta hoy como vacío
como espectros que se pasean
en sequía de risas,
de dedos aferrados, que exprimen brazos,
que exploran espaldas,
que cavan surcos en ti;
que me desesperan, que me roban el aliento.
Desencantados aparecen hoy los días,
como en ausencia del aroma de un golpe de tu melena,
de un suspiro en el sueño,
de una leve inclinación en tu cuello,
que me ofrecía un seño fruncido,
la tirantez de tus pómulos,
tus labios desencajados,
un ruego, una sacudida, un destello
como respondiendo a mi plegaria,
a mi hambre de júbilo por ti,
por beber de tu boca.
Escribo este poema para ti, en tu nombre,
pero lo escribo por mi,
escribo como bracea un ahogado,
como grita un recién nacido,
para evacuar ese fluido denso y primordial
que me anega los pulmones,
que clausura la garganta
que me estrecha el pecho.
Escribo este poema a ladrillos,
está pegado c
