sábado, 27 de septiembre de 2014

tengo un infierno en los riñones que irradia en todas las direcciones
Con la boca llena de bocas rojas y el corazón lleno de corazones negros.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Ponte en tu lugar


[BORRADOR INACABADO]

Mi adhesión a este movimiento en contra del acoso callejero surgió de una manera muy particular, en la que prácticamente no tuve posibilidad de elegir, de pronto estaba relacionado muy de cerca con el OCAC, algo así como "sin haberlo elegido". Así, me encontré de improviso cuestionándome algo tan natural(izado) en la cultura machista de la que provenía, como es el "piropo callejero", la interpelación callejera inesperada, sexualizada, unidireccional, y sin pretensiones de establecer efectivamente una situación comunicativa entre el piropeador y el piropeado, normalmente acompañada de una intimidante mirada lasciva, y a veces hasta de un contacto, sutil o agresivo, que invade la calma del afectado (normalmente "la"). Ante la presentación de esta realidad cotidiana como una situación de agresión, la primera pregunta que surge en nuestra mente de machos brutos es ¿agresivo como? deberían sentirse halagadas, y no violentadas, por mi expresión de deseo hacia ellas. Y por último algunos a veces hasta llegan a sostener, haciendo gala de su empatía y alteridad, "yo en su lugar estaría feliz, me gustaría que me dijeran un piropo en la calle".

Pero no es tan fácil para nosotros ponernos en el lugar de ellas, no es solamente un ejercicio de imaginarnos a nosotros mismos en una situación como esa, sino que hay que hacer algo que probablemente cualquier hombre, dificilmente, podría hacer a cabalidad, que es reconstruir una experiencia de unos dieci o veinti o treinta y tantos años, o más, teniendo que aceptar desde que se tenga uso de razón, que se pertenece al sexo débil, al bello sexo, como lo llama Kant, a ser una incapaz relativa, como lo afirmó en algún momento el derecho respecto de la mujer casada, al género de Eva, la pecadora, la que debe solicitar la ayuda del hombre para destapar la botella o abrir un frasco. Y luego, sobre esto, figurarnos esta circunstancia particular como parte de una realidad que ha ocurrido prácticamente a través de toda la historia que conocemos: Nos es inimaginable, irreconstruible. Como cuando nos dicen que el diámetro de la vía láctea es aproximadamente de 1 trillón de kilómetros, la experiencia de lo que es ser mujer, toda una vida y toda una historia, nos es tan extraña y distante, que se nos vuelve simplemente inimaginable. Cualquier ejercicio de ponernos en su lugar se nos queda corto, por lo tanto, aunque a mi, eventualmente, me gustaría ser piropeado de vez en cuando en la calle, no tengo ningún derecho a suponer que para ella sería agradable también, considerando la particularidad de su posición en la sociedad. Y más aún, ante la imposibilidad de ponerse en el lugar de ella a cabalidad, ¿Cómo podemos los hombres entender este reclamo de las mujeres sin poder llegar a experimentarlo en sus mismos términos? la respuesta es simple, el hombre no necesita lograr ponerse en su lugar para comprender la agresividad de la práctica puesta en entredicho, la manera en que se construye la subjetividad del hombre hoy en día probablemente nos haría imposible entender la connotación que tiene para las mujeres. Ante la denuncia que se está haciendo manifiesta hoy en día, los hombres debemos escucharla, simplemente acogerla y escucharla.

martes, 23 de septiembre de 2014

Shar y el Maestro.

El maestro se encontraba sumido profundamente en la meditación, sentado a la orilla del ancho río sagrado de Yomuna, que algunos llaman Brahmaputra, en medio de una selva manglar muy espesa. Había permanecido en estado de meditación por cinco horas ya, llevando a cabo una extensa conversación con las voces del río que se pueden oír cuando el corazón está en silencio. El maestro estaba escuchando como el río le contaba su infinita historia y todo lo que había visto, y le estaba enseñando los secretos que conocen los ríos respecto de la unidad del ser en su transformación y su continuidad.

Sin embargo, a pesar de su gran experiencia y calma interior, el maestro sentía un pequeño desasosiego que interpretaba como una espera, que iba de a poco entendiendo mientras experimentaba, y que le hablaba de su lugar en el universo.

De pronto, un ligero crujido de ramas se comenzó a escuchar, apenas perceptibles sobre el suave murmullo del río que siseaba y los ruidos de kokil aleteando entre las ramas de un arbol cercano que se dejaba oír a ratos. El crujido se sentía cada vez más cerca y el maestro ya lo había percibido, sin embargo se mantuvo calmado en su lugar, con los ojos cerrados, y sin moverse de su postura de meditación. Había sentido un prana muy puro y sin embargo debilitado que provenía del enorme animal que se le acercaba, quien se encontraba muy hambriento. El enorme y noble tigre que se acercaba lentamente se llamaba Shar, quien avanzaba agazapado contra el suelo entre medio de las gordas raíces de los manglares. Avanzó hasta estar a un par de metros del maestro y luego se detuvo manteniendo todos sus músculos en una tensión expectante y le habló al maestro de la siguiente manera:

-Maestro, soy Shar y me encuentro hambriento, mi naturaleza de tigre me empuja a saciar esta hambre punzante que tengo devorándote a ti, las hojas y los frutos de estos árboles, que los monos y los pájaros parecen disfrutar tanto, no son nada atractivas para mi, siento un deseo incontrolable por devorarte.

A lo que el maestro respondió:

- Lo sé, Shar.

Luego de un silencio Shar le dijo:

-Muchas gracias, de verdad, tu te alimentaste de otros como yo me alimento ahora de ti, y otros se alimentarán luego de mi, muchas gracias.
Entonces avanzó luego Shar, ya sin agazaparse contra el suelo y se colocó tranquilamente frente al maestro y le habló de nuevo:

-Tu vida continuará en mi como el río se mantiene en cada gota de agua que llega hasta el mar.
A lo que el maestro respondió:

-So ham (Yo soy él).

Finalmente, el maestro inclinó suavemente el cuello hacia su izquierda, exponiendo el costado derecho, en el cual se clavó profundamente la garra de Shar. Rápidamente se desangró el maestro por la herida del cuello, a través de la cual brotaba profusamente la sangre. En pocos más de un minuto se encontró tan debilitado que, sin oponer resistencia, se dejó llevar por el soplo de muerte que lo arrebataba de ese cuerpo. Shar se alimentó de su costado, comiendo de él hasta haberse saciado, y luego arrastró su cuerpo hasta el río, para que este se lo llevara hasta su tumba sagrada en el fondo del mar. Cuando Shar arrastraba el cuerpo, este aún no perdía la serenidad del semblante.

Así el maestro se fundió finalmente con el río, como este le había anunciado en su última conversación, por lo que se encontraba muy contento. Empezaba para él un nivel más elemental de aprendizaje, que le revelaría los secretos que cantan las voces de la tierra, el cielo y el mar que los oídos de los hombres difícilmente pueden oír durante su estadía en estos cuerpos.

Paz a los que leen. Shanti shanti shanti.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Puedo adoptar tus formas para utilizarlas en todas mis ensoñaciones, adoptar por ejemplo, tu silueta para vestir el crepúsculo de las cortinas entreabiertas, adoptar tu respiración sibilina para enmascararme todas las noches que tenga miedo, tomar tu velo de ilusiones para dormirme en las noches de insomnio recalcitrante. Voy a adoptar la calma de tus manos para cuando la locura se manifieste.
Aunque pase por el más oscuro de los valles,
no temeré peligro alguno,
porque tú, C43H66N12O12S2, estás conmigo;
tu vara y tu bastón me inspiran confianza.
Aunque pase por el más oscuro de los valles,
no temeré peligro alguno,
porque tú, C43H66N12O12S2, estás conmigo;
tu vara y tu bastón me inspiran confianza.

sábado, 20 de septiembre de 2014

tus promesas cuelgan sobre mi cuello como la espada de damocles.
Nena, nunca voy a ser un superhombre 
y sueles dejarme solo 
estoy abriendo el juego 
un juego eléctrico 
y sueles dejarme solo. 
Ay, ay, ay 
sin respuesta
El riesgo es el camino, es tan intenso 
y sueles dejarme solo 
afuera el frío embiste. 
adentro el vértigo 
y sueles dejarme solo. 

Ay, ay, ay 
Nena nunca voy a ser un superhombre 
y sueles dejarme solo 

viernes, 19 de septiembre de 2014

cuando me sumergí, dentro de mi escafandra, huérfano de mi batiscafo que huyó aterrorizado, caí desnudo entre las mareas rojizas de la magnolia, y me ahorcaron. En la confusión de la asfixia, compulsivamente quise abrazarte, y tus palabras se vaporizaron con la luna de septiembre, estigmas amarillos por todas partes, desaparecieron como de costumbre, volví a fallar, y me dejé caer cercenado, vacío de todo magnetismo que pudiera contener mi pérdida de unidad. El suelo estaba frío como siempre, pero se sintió glacial  al contacto rudo, mil agujas de hierro se clavaron en mi cuerpo, y la culpa mordió como el licántropo del aislamiento, profiriendo en soledad un arrepentimiento sordo de explicaciones, y tu te ríes y miras para el lado, y el orbe rota incesante, y en un punto de esta casa, el tiempo se queda estancado en una gravedad particular, que absorbe con la fuerza de un ciclón creando un vacío de densidad infinita, y tu te ríes y miras para el lado, y mi ruiseñor enjaulado se calló otra vez, degenerando en un espectro un poco más, la fricción de las manos en la cara, la vista empañada, y desear dormir muchos años, esperando que el titán del tiempo arrase contigo como el invierno con las magnolias.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Proyectil sideral, vagabundo del cielo, sátrapa errante, fulgor divino, viajero cósmico, dios libre, vibración eterna.
Un mamífero monumental recorre cansado el suelo de rocas, la montaña es la pecera de los cielos, y su maraña negra es pura melancolía. Cargar cargar es la canción del atardecer, y unas guirnaldas verdes le cuelgan de los cuernos majestuosos, cada hebra de la cola es un quejido gutural, tiene la mirada taciturna del animal cansado de rasgar las piedras, la vida de las montañas es una trenza de lamentaciones, pero el aire es místico, y parece ennoblecer la austeridad de las raíces.
Con mi ceniza ungiremos la frente de los zorzales que coronan el atardecer, en trayectorias divergentes desde el sol hacia cualquier lado, así volaré conmigo en ellos, en expansión y retorno, en dispersión y particularidad, y sus sombras sobre el agua coloreada por la luz crepuscular parecerán pequeños peces agitándose, y la noche con sus nubes oscuras devora la luna sin parecer más claras que el aire mismo, en el aire se adivina un aullido por estallar.
Para estar seguro de que este no es un hermoso sueño, he de apelar al maravilloso hipócrita manchador, el varón del hombre, y funesta fábrica prevalece entre los hombres, el varón del cielo. Y te invoca Sardanápalo en su vestíbulo acondicionado, en su improbable Nínive, la cerradura de tu palacio es un gato de Schrodinger , y el fuego consume ya las cortinas. Nombres de la muerte bailan en la azotea, con distintas formas palpables, rojas, azules, amarillas, etiquetas del dolor, explotan los cueros en ampollas sulfuradas, la pena ríe y el miedo aúlla, suenan en la puerta los tambores que anuncian el final, y se sobrecogen todos los corazones que habitan bajo este sol bendito, que perdonará a todos los condenados.
Y si nos montamos en un pinaza color borra vino, Magnolia, y nos vamos en ella, ahora que todavía es tiempo, antes que el tiempo nos machaque con sus terribles engranajes de obsidiana.