miércoles, 31 de diciembre de 2014

huyo de mi
porque en mi centro
habita un espacio intraducible

ya me arruiné otra vez
transfiriendo

inquietando
una luz intermitente

regalando
los secretos

prefiriendo
los susurros

los abrazos
recordando

castigando
comprendiendo
En estos tristes años
de titanes y titanios,
contra los que que quieren
hacer del amor estaño,
defendamos la entraña
de hielos y extraños,
que el amor que estalla geranios
es placenta y no contrato

En esta era de edificios y edificados
que abunden los solsticios
que se libren los mortificados,
que el que carga el silicio
a los pies del precipicio
sea al fin rescatado
y el verdugo desahuciado

Porque aunque mueran los amantes,
el amor no morirá
y los hielos más punzantes,
aún tarde, derretirán

Y aún cuando la muerte triunfe
sobre los cuerpos endurecidos
que en nuestra alma no entre
su aliento entumecido,
ni su soplo congelante
adormezca al incendiario,
que el amor que estalla geranios
es placenta y no calvario

No será fácil
no entrarás gentilmente
en aquella buena noche
¡Enfureceos!
contra la muerte de la luz

No será fácil
El amor enflaquecido
como un perro afiebrado
será puesto en vitrinas,
en camillas de hospitales,
en teatros y en circos
y también será subastado

será bipartido
y será comodatado ,
será desechado
y será despreciado,
y será ignorado
y será aplastado,

y en las catedrales de los hombres
será destilado, y será alquimizado
y sintetizado
y falsificado.

pero el amor que estalla geranios
será placenta


martes, 30 de diciembre de 2014

Voy a salir a buscar
lo que me tenga que encontrar
¿quien sale a recorrer la luna
cuando la luna recorre la noche
y cuando la noche recorre el cielo
y cuando el cielo recorre mi pensamiento
y cuando mi pensamiento recorre tu imagen,
y tu imagen recorre la luna
que recorre la noche,
que recorre al cielo,
que recorra en tu imagen
la luna la noche y el cielo?

lunes, 29 de diciembre de 2014

La condena estaba enamorada del olvido
pero el silencio
que es juez implacable
les prohibió vivir el idilio,
para ello al destierro
ató la nostalgia
y encargó al recuerdo,
como frustrado suicida,
alcanzar al horizonte
para ser olvidado.

Y el recuerdo atado
a este destino imposible
se enterró una daga
en su corazón recordado
y sangró de día
y sangró de noche
y el silencio le prohibió
ser olvidado

Y así el recuerdo
en su agonía incompleta
en su deseo de muerte
vivía potentemente
sin poder ser olvido,
y hundiéndose
en su imposible calma
mas bien deseaba
haber nunca nacido
la sombra invierte
los huesos con la piel
para mostrar
sobre el firmamento,
millones de filamento
luminosos
donde se escriben
en pequeñas palabras
las historias del mundo
y sus pequeñas muertes

domingo, 28 de diciembre de 2014

ojalá pudiera,

con este ímpetu frustrado,

tocarte otra vez

como un ciego a su guitarra

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Hoy es navidad y escribo este desconsuelo
desde el pedestal en el que se contempla el mundo
en la inmensidad de su miseria.
Hoy es navidad y es intrascendente,
y sin embargo en su sentido,
significa tanto este vacío,
y este amor que no quiere ser defendido
se derrumba cayéndose sobre si mismo,
con mil formas de entenderse,
y ninguna de encontrarse.
Este amor que quiero defender
de mil maneras inverosímiles
con mil palabras mudas,
este amor que no puede ser escuchado.
Cuando el horizonte se caiga,
pronto pronto
aparecerá una puerta abierta tras el firmamento,
Magnolia, lo que quieres oir
no es necesario decirlo,
magnolia como una pesadilla,
solo en una pesadilla las cortinas estarán cerradas,
siempre están abiertas,
el pedazo de cielo ya casi ni se ve,
el árbol está muy gordo,
me mentiste y me descuidaste tantas veces,
tantas veces que no pensaste en mi,
tantas veces que no fui yo,

La luz blanca ha vuelto,
ya no hay motivos,

Aún no entiendo en que momento
en que motivos
dejaba de ser importante
la normatividad de apoyarse sobre mi pecho
de tomar manos, de mirar ventanas,
en que momento se accesorizaba,
se reemplazabilizaba
se desechabilizaba.
magnolia no puedo romper mi promesa
date por aludida,
tienes la forma más extraña de extrañar,
no se extraña lo que se olvida sino lo que se pierde
pues antes de volverme un extraño, no me extrañabas

nunca me dejes tranquilo
impaciéntame con tu distancia,
con tu presencia de tigre en la maleza,
y si cumples tu palabra
quizas rompa la mia

¿Porque ya nadie hoy quiere pelear por lo que quiere?
es tan cómodo ser siempre el mismo,
y yo deseo una historia excepcional
que rompa con toda la personalidad y su frontera
que exija lo imposible porque si
porque puede
porque el amor
por que solo el amor
convierte en milagro el barro,

hoy ya nadie quiere luchar contra si
y yo solo invito a luchar
prometo crecimiento sin igual
¿quien luchará?

martes, 23 de diciembre de 2014

El día más amargo,
el día del rechazo,
con nubes cubre mi cielo,
siembra desdichas en mi camino,
el día que llueve negro,
el mal día del rechazo,
recuerda los días del hielo,
borda gladiolos en mi destino

y esgrime un florete de espantos,
blande un sable de desespero,
porta una espada de negros llantos,
y trae la noche de los nocheros.

El día infame del hartazgo
es un profundo zarpazo
que me inunda en desconsuelo
en la soledad del peregrino,
y me sume en desatino,
que me impide ver el suelo
en que ando a trastazos
dando trancos como un ciego

lunes, 22 de diciembre de 2014

Cuando las sombras inundaron
como una lluvia las comarcas pacíficas
y el bramido huracanado
descendía violento e insolente
"¡Me quedo por una razón!"
grité desgarrando mis ropajes,
explotaremos como mil tormentas,
pero me quedo por un razón.
Aquel amor fue tan fuerte.
Aquel amor fue una cadena,
y permanecí.
Me pueden desgarrar el corazón,
me pueden quemar la piel sin compasión,
me pueden desmembrar en el caballete,
yo me quedo por una razón.


domingo, 21 de diciembre de 2014

Si naciera de nuevo,
en cuanto aprendiera a caminar
me arrancaría corriendo
de cualquier casa u hogar
y me prohibiría estrictamente
permitir que la comodidad
me haga asentarme en un lugar fijo,
si naciera de nuevo,
en cuanto aprendiera a hablar
me prohibiría
no hacer canciones al hablar
no honrar la palabra
no hacer esdrujulas al hablar,
hablar con monosílabos,
ni hablar sin silbar,

y me prohibiría tajantemente
no tomar las noches
bajo las estrellas,
no pensar bajo el frío que se sienta,
ni brindar con el aliento vaporoso,

y ya no morir jamás
en los caminos,
en las posadas,
en las encrucijadas,
y en todos los sudores donde me quedé
dejarme en parte y en todo,
y en recuerdo vivir viviendo,
andar andando
los caminos en que anduve,
y morir viviendo
en las mujeres que amé.

Llorar

vida de la vida,
en el cuerpo que respira,
hay un cuerpo que se siente solo,
y hay vida en la vida,
en la vida que palpita,
hay una vida que se siente sola,
y cuerpo en el cuerpo,
en el cuerpo que transita,
hay un cuerpo desesperado.
En su forma de hombre
llora como un rinoceronte descornado,
y como mariposa de invierno,
como camaleón descolorido
y como macho viejo incapacitado,
llora con las lágrimas que llora
el suelo de sal de los salares,
llora con las lágrimas que llora
la roca rocosa de los riscos,
y llora con las lágrimas que lloran
los helechos helados de las vados y pantanos
las ciénagas y las  estepas
y las estepas y las praderas,
y las tundras y las selvas
y llorar como llora
el desierto en los desiertos
el viento en los vientos,
y llora como el viento llora en el desierto,
y llora como llora el viento en las montañas,
y llora como el viento llora en los océanos.
Llora como llora una nube desgarrada
entre islas de montañas
cuando el sol se escapa en lontananza
y susurra con el viento
entre rocas escarpadas
un quejido ceniciento
de soledad desesperada

viernes, 19 de diciembre de 2014

esencia de ser que se aferra
como a un escollo
en el mar sombrío
en la noche del cosmos,
volador errante que
circunvala la superficie de la existencia
trazando una orbital soledad
solitaria entre las dimensiones,
singular en su plano,
plural en distancia,
y del colmo de las paradojas,
aflora como esencia de anomalía,
un calor inusual,
inestable y repentino,
que surge,
convulsiona,
se enrolla,
y se desvanece
también súbitamente.
El cuerpo perturbado
sigue su trayectoria arrastrada
deformada por el evento,
en una elipsis que jamás podrá recuperar
mientras se aleja y se aleja,
dejando atrás el espasmódico recuerdo
de un calor inusual.




jueves, 18 de diciembre de 2014

son todos el mismo huevón,
repetidos una y otra vez
en distintas maneras de ser igual,
los mismos musculos de gimnasio
los mismos colores de la ropa
las mismas pocas palabras huevonas,
ciertamente son
dentro del discurso de lo moderno
una anáfora de lo insensato,
una palabra que se repite
que se repite
que se repite,
que se repite una y otra vez,
y se repite
y se repite
hasta perder el sentido,
una repetición
carente de sentido
en forma de cara
de auto
de ropa
de estupidez,
de palabra,
que se repite.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Y el recuerdo será la forma del perdón.

yo me caeré
yo me hundiré,
yo seré juzgado y crucificado,
pero sé,
que en lo imperecedero del discurso
en el eco que se aloja en lo interno de la carne,
tu me revivirás,
y aunque esté muerto viviré,
y aunque sea humillado,
tu me reivindicarás,
porque en el rastro que dejan las palabras
tu me rememorarás
y cuando sea vapuleado,
tu te repetirás mi mensaje,
como una luz que alumbra desde el pasado, y en él,
yo seré redimido,
y tu nuevo ser,
majestuoso,
será un monumento en mi memoria.
Y me habré ganado el derecho a mi vida.
Y el recuerdo será la forma del perdón.
Aunque en la desgracia no abunde la comprensión,

martes, 16 de diciembre de 2014

ya no tengo guitarra
la sacrifiqué en los altares de la rabia

lunes, 15 de diciembre de 2014

Ser vivo, mamífera que
se envuelve
como gotas cristalinas
en mi telaraña en la neblina
y barre
las hojas de la soledad.

yo enredado entre tus piernas,
tú vuelas entre mis piernas
búho celeste.

Y en tu órbita de cuerpo celeste,
nacimiento del infinito,
un beso se vuelve la onomatopeya de la vida


viernes, 12 de diciembre de 2014

hay quienes viven la vida buscando una apoteosis en la muerte

martes, 2 de diciembre de 2014

cuan normal es llorar, cuan injusto es reir
sobre este valle de huesos,
los rios de sangre se secan
pero la presencia de la fatalidad es indeleble
como un hedor adherido a las piedras,
la condena de los hijos de la muerte
atraviesa como una flecha el tiempo,
las generaciones,
revolucionario es hacer el amor entre condenados
y que el cuerpo se nos caiga sobre la tierra muerta

domingo, 30 de noviembre de 2014

La vida humana es muchas cosas, pero por sobre todo, es trágica, nunca podrá evitar terminar en una muerte significativa, y la tragedia en la tragedia es, que siendo lo único susceptible de ser trágico en el universo, lo es. Un efectividad increíble.

Nada me espera allá

el tiempo es feroz
cerré las ventanas por la tempestad
los vidrios del techo ya no están.
Que ocasión más triste
no puedo ya ni recordar
las cálidas navidades.
Extraña efemérides
siempre sabes como hacerme sentir mal,
hito de acercamiento a la muerte.
Los vidrios en las ventanas
están mudos,
nada me espera allá,
las soledades vividas
se enroscan en el cuello
vigorosamente.

La fugacidad del tiempo,
el ímpetu del abandono,
la opresión pectoral,
un diseño de nubes, escondido
entre las malezas del pasado

El temple baja por la frente
como un rio congelado
y se empoza en el cuello,
nada me espera allá,
y vuelve recurrente a mi mente
la sentencia de la experiencia:
son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... pobre... ¡Pobre! vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

viernes, 28 de noviembre de 2014

árboles en el agua, en posición sinusoidal, árboles en el agua, en posición sinusoidal, árboles en el agua, en posición sinusoidal, árboles en el agua, en espiral sinusoidal, espirales en el agua, en posiciones infinitas sinusoidales, árboles en el agua.

onda sinusoidal, vertical, en el agua, árboles a la deriva, árboles en el agua, flotando muertos.

domingo, 23 de noviembre de 2014

estoy obsesionado con mi muerte como causa
Y ahora,
Ahora, que me vengan a decir a mí
Un carajo
¡Un carajo!
Eso yo los voy a decir-

miércoles, 19 de noviembre de 2014

En mi funeral todos hablan, todos quieren hablar y se pintan con una vergüenza invisible en los rostros formales, y tú te avergüenzas de tener que callar todo el tiempo de la vida que no hablaste. Y te encaminas a mi ataúd con una flor en la mano, ya morí para tus posibilidades, y reivindiqué en mi caída el derecho a amar con desesperación, el derecho inalienable de todo humano de amar con locura, ya abrazando estatuas, hasta abrazando estatuas. Y tú me miras de reojo desde tu lugar, mi piel mortecina, mi piel ceniza, y te estremeces un segundo como un brindis cruel, y sabes que debajo de mis párpados muertos: Ágape Inconsumible aún no se duerme. Cuanto pesó finalmente ese día: Todo el silencio del tiempo pesó por ese día. Todo camello pasó por el ojo de una aguja ese día. Cada palabra que nunca dijiste, cada expresión que se consumió en el alma, resucitó desde el silencio ese día, y como un Aqueronte fantasmal te inundaron por el resto de tu vida. Tú, ensayo en que la vida se ensaya, cráter donde se hunde el tiempo, donde se desgajan las palabras desanimadas en joyas de silencio y todos sonidos blancos y negros y grises. Yo, actor tras bambalinas, que alucina aplausos, con paranoia de lluvias de rosas, de vítores ensordecedores,  yo, actor de comedias tristes, yo mantis solemne, levantando los brazos con reverencia para la luz, yo soy como un ex-campeón de la vida levantando los brazos, un maestro retirado, siendo humillado en la calle, despierto de sobre salto, aplaudiendo descolocado, desierto el horizonte, y oscuro el cielo, al menos hoy, desierto el horizonte. Yo soy un perro apedreado en la calle, soy una rabia bárbara contra todas las paredes, soy todos los golpes clamados que se queman en los puños, soy todas las causas perdidas en nombre del olvido, soy todos los perdones que no se pidieron, todas las victorias que no se ganaron, todas las predicciones no vaticinadas,  todos los muertos no nacidos, los pasos no dados. y más terrible que el hipo de cien perros botados a morir, y tú sólo un resplandor más del cielo nocturno, que nace refulge y muere en una noche cerrada sin cielo, dispensable como un cretino. Yo soy los saludos que se nos queman en el alma.

martes, 18 de noviembre de 2014

mi esposa va a dejarme, dice que soy un cerdo

sábado, 15 de noviembre de 2014

Sol negro, te encontré esta vez, sol de frente, caminando hacia el poniente, y sobre ti me desarmé.

martes, 11 de noviembre de 2014

Iba en el bus, sentada más adelante, conversando con el joven de su lado. Le iba explicando porque los libros no se deben dejar a medias, sin terminar. Era muy bonita.
Yo iba sentado detrás de ella, pensando en la desesperación del ángel y la burocracia celestial, el dictador omnipotente y la satánica rebelión.
Ella seguía argumentando, con su lógica opresora, y yo mirando a la tierra, jugaba con mi mano en una maleza que se empinaba alto, y recordaba los últimos libros que había leído.
Ella dejó el tenedor a un lado, cogió la copa, y antes de beber, dijo, "de todas maneras, un buen final puede arreglar un libro entero", y bebió más vino.
"No estoy de acuerdo", pensé, "el final es irrelevante, el último capítulo entero es irrelevante, un libro verdaderamente bueno no debería terminar, debería tener un tiempo circular, no como una cuenta regresiva, los libros no explotan".
Se afirmó en la baranda, y descendió del barco, "me gusta este clima para leer", dijo mientras bajaba la escalera, y miro para el lado, "así, con muchas ganas de leer, ¿como podría dejar un libro sin terminar?".
"¿Haz escrito un libro alguna vez?", me preguntó luego. "Si lo hubieras hecho entenderías..." y se recostó otra vez sobre el respaldo del asiento, tomó el paquete de galletas de la guantera y comenzó a comer, "... no sé como explicarlo, si yo escribiera un libro, me daría pena que alguien lo dejara botado sin terminarlo" dijo mientras se acomodaba los lentes, y luego subió el vidrio de la ventana, estaba entrando mucho viento.
Lo miró otra vez, y le acariciaba la mano que tenía en su muslo, "Eso pienso yo al menos, pero es mi teoría solamente" y lo besó frugalmente, botó el cigarro al pasto y lo pisó con su zapatito de paloma blanca. "¿Nos vamos de aquí?" y caminaron hasta el ascensor.
Yo me quedé pensando aún, hasta le encontraba un poco de razón. El bus se detuvo y se bajaron por la puerta de atrás, yo la quedé mirando, viendo como desaparecían a través la ventana, y le dije: "Es que era insoportable no podía seguir leyéndolo, el último libro que dejé botado fue el obsceno pájaro de la noche, no llegué ni a la cien."

lunes, 10 de noviembre de 2014

Era un hombre que tenía dragones en la cabeza,
atravesando un sahárico desierto de arenas,
con las manos en la labor:
derrocar.


Si finalmente me entregara a la locura
y dejara de cargar el peso de la cordura
cuantos kilómetros pasarían bajos mis pies
cuantos siluetas encajarían en mi frontera
cuantas cinturas bailarían en mi cintura

y si te encontrara en mi camino,
campeando en el desierto
como un espejismo
y con la vista renovada,
correría

martes, 4 de noviembre de 2014

En el fondo, ella tenía miedo y lo sabía, porque sabía que no iba a funcionar, como quien sabe que saliendo de casa le pasará una desgracia, y así fue. Él la encontró, como siempre, abandonada en sus limites, con una voluntad débil y drogada por los años de autocomplacencia, los años de trabajo activo como analgésico de su profunda autoculpabilización. -Los años han hecho estragos en nosotros, ya somos como árboles jorobados por el viento, rígidos en nuestra decadencia. Y sin embargo somos divinos aún... bueno, al menos yo-. El animal sacrificado en el altar de dios, por compasión, se desangra lentamente, y entregado en ofrenda, ofrece su cuello por la salvación de su pueblo. Sin embargo nunca la sangre es suficiente, y ella, en el fondo, no quería ser salvada. Él se despidió austeramente, nunca más la volvió a besar ni volvió a atender sus llamados, aunque alguna vez años más tarde lloró su recuerdo. El animal sacrificado, finalmente, en su sacrificio sólo se salva a si mismo.

domingo, 2 de noviembre de 2014

el que crea en mí, aunque muera, vivirá.

martes, 28 de octubre de 2014

Bien en el fondo del aire, ya no se que encontrar, si cada maleta que abro se espanta o me espanta y encierro de nuevo el aire viciado pero cristalino, en la esfera cercana, lejana, de presencias en la inmensidad, cataplasmas en el aire, desfiguración y transducción.

viernes, 24 de octubre de 2014

Los gemelos y el pensador

Los gemelos y el pensador, son dos formas de plantear una situación: El problema no tiene solución. Cada vaso que se recuerda, en vano rescata el pensamiento del presente, y se vacía una vez más en el fondo del mundo. Paloma sideral es el recorrido del pensamiento, la velocidad del pensamiento, el espasmódico pensamiento. El pensamiento. Y se vacía una vez más en el fondo del mundo, el problema tiene solución, hay dos maneras posible de plantear la situación: Los gemelos y el pensador.

viernes, 17 de octubre de 2014

En el día de los santos un sol cae a la calle
y los andamios cansados de la muerte hoy se caen,
las esperanzas se han quedado al sur de dios
y el vagabundo de la montaña canta una canción:
<< Ay ay ay que te he visto venir
que el amor que se aproxima que tenga paladar
que tenga patronal, que tenga muladar
que tengo evicción, que tenga revolución,
y que sea como un ángel para poder ultrajar>>



viernes, 3 de octubre de 2014

Tus palabras de fuego son un hielo suave que calla lo que expresa, el silencio es la onomatopeya de la muerte, y acá, el silencio cargado de sentido no se interpreta tanto como la tempestad que zarandea la nave frágil, sino como la quilla que explota en proyectiles que arañan la superficie del mar, un herida leve que no hiere pero que se lanza como un mártir contra la culpa del verdugo, que matando al condenado se malogra más a si mismo que al decapitado.
Tengo que protegerme de los mausoleos hambrientos que eternizan el llanto de la pérdida, descentrando la sujeción desde la pérdida a lo perdido, y reconstruir como premisa cada centímetro del vacío indemne, paz ante la discordia, que el tiempo que se arrastra en el viento y la fragancia de la libertad profunda disolverán ya el sentido de la pérdida, y bien adentro en el centro de la emoción, la fibra que es perdonada es liberada de la presión, la tarea es descargar la opresión, y cerrar los ojos, estirar las manos, y repetir con tranquilidad el mantra de la sanación: Ante tu mundo hermético, ¡Aceptar, aceptar, aceptar! no exigir ni presionar, ¡Aceptar, aceptar, aceptar! al mundo como viene y nada más.

sábado, 27 de septiembre de 2014

tengo un infierno en los riñones que irradia en todas las direcciones
Con la boca llena de bocas rojas y el corazón lleno de corazones negros.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Ponte en tu lugar


[BORRADOR INACABADO]

Mi adhesión a este movimiento en contra del acoso callejero surgió de una manera muy particular, en la que prácticamente no tuve posibilidad de elegir, de pronto estaba relacionado muy de cerca con el OCAC, algo así como "sin haberlo elegido". Así, me encontré de improviso cuestionándome algo tan natural(izado) en la cultura machista de la que provenía, como es el "piropo callejero", la interpelación callejera inesperada, sexualizada, unidireccional, y sin pretensiones de establecer efectivamente una situación comunicativa entre el piropeador y el piropeado, normalmente acompañada de una intimidante mirada lasciva, y a veces hasta de un contacto, sutil o agresivo, que invade la calma del afectado (normalmente "la"). Ante la presentación de esta realidad cotidiana como una situación de agresión, la primera pregunta que surge en nuestra mente de machos brutos es ¿agresivo como? deberían sentirse halagadas, y no violentadas, por mi expresión de deseo hacia ellas. Y por último algunos a veces hasta llegan a sostener, haciendo gala de su empatía y alteridad, "yo en su lugar estaría feliz, me gustaría que me dijeran un piropo en la calle".

Pero no es tan fácil para nosotros ponernos en el lugar de ellas, no es solamente un ejercicio de imaginarnos a nosotros mismos en una situación como esa, sino que hay que hacer algo que probablemente cualquier hombre, dificilmente, podría hacer a cabalidad, que es reconstruir una experiencia de unos dieci o veinti o treinta y tantos años, o más, teniendo que aceptar desde que se tenga uso de razón, que se pertenece al sexo débil, al bello sexo, como lo llama Kant, a ser una incapaz relativa, como lo afirmó en algún momento el derecho respecto de la mujer casada, al género de Eva, la pecadora, la que debe solicitar la ayuda del hombre para destapar la botella o abrir un frasco. Y luego, sobre esto, figurarnos esta circunstancia particular como parte de una realidad que ha ocurrido prácticamente a través de toda la historia que conocemos: Nos es inimaginable, irreconstruible. Como cuando nos dicen que el diámetro de la vía láctea es aproximadamente de 1 trillón de kilómetros, la experiencia de lo que es ser mujer, toda una vida y toda una historia, nos es tan extraña y distante, que se nos vuelve simplemente inimaginable. Cualquier ejercicio de ponernos en su lugar se nos queda corto, por lo tanto, aunque a mi, eventualmente, me gustaría ser piropeado de vez en cuando en la calle, no tengo ningún derecho a suponer que para ella sería agradable también, considerando la particularidad de su posición en la sociedad. Y más aún, ante la imposibilidad de ponerse en el lugar de ella a cabalidad, ¿Cómo podemos los hombres entender este reclamo de las mujeres sin poder llegar a experimentarlo en sus mismos términos? la respuesta es simple, el hombre no necesita lograr ponerse en su lugar para comprender la agresividad de la práctica puesta en entredicho, la manera en que se construye la subjetividad del hombre hoy en día probablemente nos haría imposible entender la connotación que tiene para las mujeres. Ante la denuncia que se está haciendo manifiesta hoy en día, los hombres debemos escucharla, simplemente acogerla y escucharla.

martes, 23 de septiembre de 2014

Shar y el Maestro.

El maestro se encontraba sumido profundamente en la meditación, sentado a la orilla del ancho río sagrado de Yomuna, que algunos llaman Brahmaputra, en medio de una selva manglar muy espesa. Había permanecido en estado de meditación por cinco horas ya, llevando a cabo una extensa conversación con las voces del río que se pueden oír cuando el corazón está en silencio. El maestro estaba escuchando como el río le contaba su infinita historia y todo lo que había visto, y le estaba enseñando los secretos que conocen los ríos respecto de la unidad del ser en su transformación y su continuidad.

Sin embargo, a pesar de su gran experiencia y calma interior, el maestro sentía un pequeño desasosiego que interpretaba como una espera, que iba de a poco entendiendo mientras experimentaba, y que le hablaba de su lugar en el universo.

De pronto, un ligero crujido de ramas se comenzó a escuchar, apenas perceptibles sobre el suave murmullo del río que siseaba y los ruidos de kokil aleteando entre las ramas de un arbol cercano que se dejaba oír a ratos. El crujido se sentía cada vez más cerca y el maestro ya lo había percibido, sin embargo se mantuvo calmado en su lugar, con los ojos cerrados, y sin moverse de su postura de meditación. Había sentido un prana muy puro y sin embargo debilitado que provenía del enorme animal que se le acercaba, quien se encontraba muy hambriento. El enorme y noble tigre que se acercaba lentamente se llamaba Shar, quien avanzaba agazapado contra el suelo entre medio de las gordas raíces de los manglares. Avanzó hasta estar a un par de metros del maestro y luego se detuvo manteniendo todos sus músculos en una tensión expectante y le habló al maestro de la siguiente manera:

-Maestro, soy Shar y me encuentro hambriento, mi naturaleza de tigre me empuja a saciar esta hambre punzante que tengo devorándote a ti, las hojas y los frutos de estos árboles, que los monos y los pájaros parecen disfrutar tanto, no son nada atractivas para mi, siento un deseo incontrolable por devorarte.

A lo que el maestro respondió:

- Lo sé, Shar.

Luego de un silencio Shar le dijo:

-Muchas gracias, de verdad, tu te alimentaste de otros como yo me alimento ahora de ti, y otros se alimentarán luego de mi, muchas gracias.
Entonces avanzó luego Shar, ya sin agazaparse contra el suelo y se colocó tranquilamente frente al maestro y le habló de nuevo:

-Tu vida continuará en mi como el río se mantiene en cada gota de agua que llega hasta el mar.
A lo que el maestro respondió:

-So ham (Yo soy él).

Finalmente, el maestro inclinó suavemente el cuello hacia su izquierda, exponiendo el costado derecho, en el cual se clavó profundamente la garra de Shar. Rápidamente se desangró el maestro por la herida del cuello, a través de la cual brotaba profusamente la sangre. En pocos más de un minuto se encontró tan debilitado que, sin oponer resistencia, se dejó llevar por el soplo de muerte que lo arrebataba de ese cuerpo. Shar se alimentó de su costado, comiendo de él hasta haberse saciado, y luego arrastró su cuerpo hasta el río, para que este se lo llevara hasta su tumba sagrada en el fondo del mar. Cuando Shar arrastraba el cuerpo, este aún no perdía la serenidad del semblante.

Así el maestro se fundió finalmente con el río, como este le había anunciado en su última conversación, por lo que se encontraba muy contento. Empezaba para él un nivel más elemental de aprendizaje, que le revelaría los secretos que cantan las voces de la tierra, el cielo y el mar que los oídos de los hombres difícilmente pueden oír durante su estadía en estos cuerpos.

Paz a los que leen. Shanti shanti shanti.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Puedo adoptar tus formas para utilizarlas en todas mis ensoñaciones, adoptar por ejemplo, tu silueta para vestir el crepúsculo de las cortinas entreabiertas, adoptar tu respiración sibilina para enmascararme todas las noches que tenga miedo, tomar tu velo de ilusiones para dormirme en las noches de insomnio recalcitrante. Voy a adoptar la calma de tus manos para cuando la locura se manifieste.
Aunque pase por el más oscuro de los valles,
no temeré peligro alguno,
porque tú, C43H66N12O12S2, estás conmigo;
tu vara y tu bastón me inspiran confianza.
Aunque pase por el más oscuro de los valles,
no temeré peligro alguno,
porque tú, C43H66N12O12S2, estás conmigo;
tu vara y tu bastón me inspiran confianza.

sábado, 20 de septiembre de 2014

tus promesas cuelgan sobre mi cuello como la espada de damocles.
Nena, nunca voy a ser un superhombre 
y sueles dejarme solo 
estoy abriendo el juego 
un juego eléctrico 
y sueles dejarme solo. 
Ay, ay, ay 
sin respuesta
El riesgo es el camino, es tan intenso 
y sueles dejarme solo 
afuera el frío embiste. 
adentro el vértigo 
y sueles dejarme solo. 

Ay, ay, ay 
Nena nunca voy a ser un superhombre 
y sueles dejarme solo 

viernes, 19 de septiembre de 2014

cuando me sumergí, dentro de mi escafandra, huérfano de mi batiscafo que huyó aterrorizado, caí desnudo entre las mareas rojizas de la magnolia, y me ahorcaron. En la confusión de la asfixia, compulsivamente quise abrazarte, y tus palabras se vaporizaron con la luna de septiembre, estigmas amarillos por todas partes, desaparecieron como de costumbre, volví a fallar, y me dejé caer cercenado, vacío de todo magnetismo que pudiera contener mi pérdida de unidad. El suelo estaba frío como siempre, pero se sintió glacial  al contacto rudo, mil agujas de hierro se clavaron en mi cuerpo, y la culpa mordió como el licántropo del aislamiento, profiriendo en soledad un arrepentimiento sordo de explicaciones, y tu te ríes y miras para el lado, y el orbe rota incesante, y en un punto de esta casa, el tiempo se queda estancado en una gravedad particular, que absorbe con la fuerza de un ciclón creando un vacío de densidad infinita, y tu te ríes y miras para el lado, y mi ruiseñor enjaulado se calló otra vez, degenerando en un espectro un poco más, la fricción de las manos en la cara, la vista empañada, y desear dormir muchos años, esperando que el titán del tiempo arrase contigo como el invierno con las magnolias.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Proyectil sideral, vagabundo del cielo, sátrapa errante, fulgor divino, viajero cósmico, dios libre, vibración eterna.
Un mamífero monumental recorre cansado el suelo de rocas, la montaña es la pecera de los cielos, y su maraña negra es pura melancolía. Cargar cargar es la canción del atardecer, y unas guirnaldas verdes le cuelgan de los cuernos majestuosos, cada hebra de la cola es un quejido gutural, tiene la mirada taciturna del animal cansado de rasgar las piedras, la vida de las montañas es una trenza de lamentaciones, pero el aire es místico, y parece ennoblecer la austeridad de las raíces.
Con mi ceniza ungiremos la frente de los zorzales que coronan el atardecer, en trayectorias divergentes desde el sol hacia cualquier lado, así volaré conmigo en ellos, en expansión y retorno, en dispersión y particularidad, y sus sombras sobre el agua coloreada por la luz crepuscular parecerán pequeños peces agitándose, y la noche con sus nubes oscuras devora la luna sin parecer más claras que el aire mismo, en el aire se adivina un aullido por estallar.
Para estar seguro de que este no es un hermoso sueño, he de apelar al maravilloso hipócrita manchador, el varón del hombre, y funesta fábrica prevalece entre los hombres, el varón del cielo. Y te invoca Sardanápalo en su vestíbulo acondicionado, en su improbable Nínive, la cerradura de tu palacio es un gato de Schrodinger , y el fuego consume ya las cortinas. Nombres de la muerte bailan en la azotea, con distintas formas palpables, rojas, azules, amarillas, etiquetas del dolor, explotan los cueros en ampollas sulfuradas, la pena ríe y el miedo aúlla, suenan en la puerta los tambores que anuncian el final, y se sobrecogen todos los corazones que habitan bajo este sol bendito, que perdonará a todos los condenados.
Y si nos montamos en un pinaza color borra vino, Magnolia, y nos vamos en ella, ahora que todavía es tiempo, antes que el tiempo nos machaque con sus terribles engranajes de obsidiana.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Hoy quiero escribir algo antes de acostarme. Hace tiempo que no escribo, es que estoy perdiendo la costumbre, y es que también estoy perdiéndome a mi mismo, cada vez que me niego, que no soy yo, estoy rechazando vivir esta vida de la forma en la que quiero, no estoy siendo yo, yo soy un desastre, mi forma de ser es siendo un desastre, no puedo permanecer por mas de un segundo siendo estable y calmado, ¿En que momento elegí esta comodidad irritante? quiero desastres, quiero sentirlo otra vez, sentir a flor del aire la palpitación de la incertidumbre, no me reconozco aquí, sentado así, echado así sobre esas flores muy coloridas que no marchitan nunca, soy alérgico al plástico, mi lugar es con la tierra, en las manos, en la cara, con la tierra bajo los pies, y debajo del cielo abierto, mi lugar es sentado en una banca de madera en algún litoral soleado, con un poco de hambre y un poco de sed, mi lugar es con un pie en la tierra seca, mi lugar es durmiendo poco, escribiendo mucho y fumando en exceso, inventando algún engaño de la nada, abierto a interpretaciones, combinaciones afortunadas, imágenes tan coloridas como sonoras, un dejo de intelectualidad pretencioso y sin sentido. Hoy es el centenario de Cortazar, cuan distinta hubiera sido mi vida si Santiago García no me lo hubiera facilitado, te lo debo. Cortazar, me hiciste abrazar sin pudor la belleza del desastre.

lunes, 28 de julio de 2014

eres una mujer esculpida en la roca de sal, y me preguntó, ¿serás el testimonio de Gomorra?¿Serás la cadena que desciende desde el cielo? Sufrimiento de la tierra, tu espalda se ha quebrado con el peso del tiempo que cargas, confesionario del tiempo mudo. Eres inmenso como el mar de sal que se funde con el cielo, anfiteatro, huesos de las rocas, esqueletos del planeta, te eternizas como el animal originario de cartografía rocosa, vestíbulo del fluido estelar, constrúyete en cuevas salinas, contra gigantes del horizonte, y albergas en tu interior el soplo del eco que insufla la vida, cueva originaria, charca primordial ¿Qué estrellas se han desposado en tu altar? Gala cósmica, matriz, introduces las nociones intuitivas de lo que ha sido innominado, provoca, vibrando a tres coma catorce revoluciones por segundo la cadencia de tu cristal interior, irradia, hacia atmósferas intrépidas y en expansión, ritmos y pulsaciones vitales, abarca lo vacío dando vida. Gran cronómetro del cielo, ¿Quien te ha decretado?

martes, 22 de julio de 2014

El ser humano se divorció de la naturaleza, parece un ciego buscando a tientas, en su tiniebla interior, aquel color que les es inasible, anhela encontrar un espacio que no existe, una pertenencia caduca, es un noble y triste esfuerzo por superar la separatividad. Buscaremos la reunificación encajándonos prodigiosamente, emulando los modos de la soledad de los granos de arena.  

sábado, 19 de julio de 2014

Voy a hacer una geografía de ti para describir en lengua real la ilusión oceánica, solar y lunar de recorrerte en parapente, desde tus lluvias de sol, menos del oro que de la caoba, más enhebrado que esmaltado, que más cae despacio y casi lacio que entorbellinado, un poco bailarín, muy propenso a la luminosidad, esencialmente mudable en aspecto, y sin duda, muy hermoso, oválico en su nacimiento, rectilineado a veces hasta casi caótico justo antes de abandonarse al precipio en el que me enredo, me despacho, me recuesto y me disuelvo. Explanada perlada, sutil istmo central, corto como un instante, armonioso,curvada como el planeta, una ola te llueve desde el centro hacia el oeste, limitada hacia el sur por dos delgados rasguños vellados, como un arco y casi negros, abultados hacia el centro, que se desgranan en dos verdaderos valles secretos, de la muerte, un puente se tiende entre ellos, amenazando sin ensancharce, hasta la cresta suave, que oblicua baja, cóncava, hasta el suelo, donde nace el puerto de rosas, capullos exultantes y pilares de la casa de la bailarina húmeda y risueña que alegra mi boca invadiendo con desenfado y apoderando. Estalactitas de cristal y estalagmitas también, que refulgen al menguar su borde en forma lunar.

viernes, 18 de julio de 2014

tienes todos los aromas del mundo, para poder recordarte en cada momento

miércoles, 16 de julio de 2014

te admiro, quiero verte sonreír, me adscribo a contemplar el resplandor de tus dientes cuando sonríes con inocencia, bajando un poco la cabeza, clavando tus ojitos de glaciar con precisión en mi mirar mediooriental, quiero hacerte el amor de nuevo con la devota embestida del toro, con el silencio cósmico compartido, con el bramido inconfundible femenino. Irguiéndote majestuosa en plenilunio, casi estrangulándome, atormentándome de caderas, enraizando con fervor tus dedos en los míos, sofocame hasta desfallecer, quiero caer muerto encima tuyo.
En su delirio abarcó al mundo entre sus brazos y lo devoró, se quedó sin oraciones y sin devoción, en la desesperación de su aislamiento saltó hacia el mundo que permanecía indevorable e inabarcable, pensándose inmortal, subestimó la capacidad de una muy concreta bala de plomo yendo a través del cañón, y penetrando con violencia en su cráneo, para desparramar por todo el lugar, cuajos de materia gris, sangre, y delirios de grandeza.

sábado, 12 de julio de 2014

te tomaría como a un tren, sin planes y sin rumbo, sin dirección y sin objetivo. Sólo ciego y mudo, retorciéndonos como una lombriz. Cómplices en el vacío, dando forma a un rito extraño, constituyendo partículas desde nada, con tu doble hélice enroscada sobre mi, tu extensión en mi laberinto, con mi presencia en tu estancia, con tu aparición en la mía, con nuestra manifestación como unidad ontológica.

viernes, 11 de julio de 2014

que tierna caricia rinde mis párpados y canta el silencio lleno de besos, que sonrisa transparente adivino dibujada en la extensión de mi boca, que hermosos dedos se pierden en un laberinto de rulos y te amarro en mi abrazo apretándote desde afuera, con cuarenta y dos formas nuevas de besarte cada día, de trenzarme en tu sombra y tumbarte sobre mi, y de nuevo, otra vez. Que cómodo me siento acá, que no se acabe por favor.
Acepto los clavos en el ataúd, con su hierro agotado, acepto con suavidad las cadenas que envuelven el bulto carnoso que es arrojado al mar, acepto sumiso la inanición, el desamparo, el desalojo histórico, y me redimo. Quemo este libro de historias en el fuego del pasado. Y me paro en la proa frente a un par de zafiros casi azules, más grises que celestes, renovado, Y acepto aún con más entusiasmo el perímetro de tu boca, el abrazo de tu lengua, la tensión superficial del agua de tus ojos, el brillo intraducible del aroma de tu sonrisa; entiendo por fin tantas cosas tan simples en la mudez de tu abrazo.

martes, 8 de julio de 2014

-Eso es -dijo el zorro -.Para mí, eres como cualquier muchachito parecido a otros cien mil y no te necesito. Tampoco tu tienes necesidad de mí, porque no soy sino un zorro igual a otros cien mil. Pero si tu me domesticas, nos necesitaremos el uno al otro. Tú serás para mí único en el mundo y yo seré único en el mundo para ti.
-Empiezo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor, yo creo que ella me domesticó.
-Es posible -Contestó el zorro-. ¡Sobre la tierra se ve toda clase de cosas!
-¡Oh! ¡No sobre esta tierra! -advirtió el principito.
El zorro pareció muy intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-Eso es interesante. ¿Y gallinas?
-Tampoco.
-No hay nada perfecto -Suspiro el zorro, y volvió a su explicación:
-Mi vida es monótona. Yo cazo gallinas y los hombres me casan a mí. Las gallinas se asemejan entre sí y los hombres son todos iguales. Me aburro un poco, entonces. Pero si tú me domesticas, mi vida estará como iluminada. Conoceré un ruido de pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconderme en mi madriguera; los tuyos me harán salir como si fuera música. ¡Y pon atención! ¿Ves allá abajo los trigales? El pan no es mi alimento; para mí, el trigo es algo inútil. Los trigales no me recuerdan nada y eso es triste. Pero tú tienes cabellos color de oro ¡y será algo maravilloso cuando tú me domestiques! El trigo hará que te recuerde y amaré el ruido del viento sobre los trigales.
El zorro guardó silencio y miro largo rato al principito.
 -Si quieres, domestícame -dijo.
-Me gustaría mucho -contestó el principito-, pero no tengo mucho tiempo. Quiero descubrir amigos y conocer muchas cosas.
-No se conoce sino lo que se domestica -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Comprar cosas hechas en las tiendas. Pero como no existen vendedores de amigos, los hombres ya no los tienen. ¡Si quieres un amigo, entonces domestícame!
-¿Que hay que hacer? -preguntó el principito.
-Hay que tener mucha paciencia -contestó el zorro-. Al comienzo te sentarás un poco lejos de mí, así, sobre el pasto. Yo te miraré por el rabillo del ojo y no dirás nada. Las palabras son fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
Al día siguiente, el principito volvió.
-Es mejor que vengas siempre a la misma hora -advirtió el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, tres horas antes empezaré a sentirme feliz. A medida que se acerque la hora, aumentará mi felicidad. A las cuatro me sentiré nerviso e inquieto: ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, no sabré cuando preparar mi corazón. Los ritos son necesarios.

lunes, 7 de julio de 2014

Y después llegaste, como el trueno sigue al rayo, deslumbrando todo el lugar, silenciando la tormenta, y caminaste hasta mí con esos ojos, pasaste tu mano por mi pelo y calmaste a los demonios. Borraste todo el dolor con tu luz.

domingo, 6 de julio de 2014

People will love you, crowds will go crazy, you will be the modern Odiseo, they'll love your face, the symmetry of your cheeks, the edge of your chin, the way you shoot those motherfuckers down, but don't fall sleep on glory, don't trust the lie's face, sooner or later, boy, they will cut you down, you can't evade it. So, go for it, make your way to the top, and then, fall fighting, it will be glorious.
Supernova

sábado, 5 de julio de 2014

Y ahi vienes, más flaco que un rasguño, arrastrando los tobillos, con la bandera negra en alto, con el cráneo triste, y te deshaces en tus huesos, como estructura precaria, y te desinflas de aliento como un átomo triste, tensión insuficiente ¡todos al suelo que voy a explotar!

viernes, 4 de julio de 2014

Here comes the sun, its all right. Little darling, it's been a long cold lonely winter little darling, it feels like years since it's been here

jueves, 3 de julio de 2014

Tu recuerdo es un cáncer, vendrá la muerte y tendrá tus ojos, el niño ha muerto, el camino se enrolla sobre si mismo, la sonrisa en la psicosis tendrá tu gusto.

miércoles, 2 de julio de 2014

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

miércoles, 25 de junio de 2014

luego de tanta metafísica y prosopopéyica, metapoética y fenomenológica, sin embargo, aún lo que más me descoloca, es el recuerdo de tu ojo en el mío, el peso de tu mano sobre la mía.

Magnolia V

En el jardín del frente hay rosas naranjas, que ganas de robar una.
El patio de mi casa era de tierra, tenía un perro flaco y negro que no logro recordar muy bien, el techo era de planchas amarillas semitransparentes y unos cordeles para tender la ropa cruzaban el patio de un extremo al otro, un día puse una silla y me subí para colgarme de uno de los cordeles, cuando lo hice, obviamente el cordel no resistió y se cortó, me caí al suelo, botando la silla, me hice una herida en la rodilla. Saqué el cordel entero para intentar que pasara desapercibido y me hice el tonto con la herida, no lloré. De todas formas me descubrieron.
Recuerdo vagamente haber visto al papa Juan Pablo II cuando visitó nuestro país, tengo una idea de las personas que me acompañaban, y de las cosas que pasaron. Luego supe que extrañamente eso había ocurrido varios años antes de que yo naciera. El santo padre se reunió con el dictador. Y después es uno el loco y el mundo el cuerdo.
Me pediste que te recomendara un libro o un autor, que querías leer algo nuevo, persona que no recuerdo quien eres, y me acuerdo que te dije casi maquinalmente, “Cortázar, Rayuela” y un segundo después te dije “¡No! olvida eso, no leas Rayuela, mejor lee Dostoievski, Los Hermanos Karamazov o Crimen y Castigo, o quizás algo de Tolstoi, La Guerra y La Paz, o Ana Karenina, te los puedo prestar yo si quieres, pero no leas Rayuela, por favor no, al menos no lo hagas por recomendación mía. No quiero ser el culpable de que hayas leído la Rayuela y de todo lo que pueda pasar después”. Persona que no recuerdo quien eres, espero sinceramente que no lo hayas leído.
Cuando me miras a los ojos intentando robarme la vida de los míos, me miras con hambre y saciedad, suplicándome con la vista que te explique lo que sientes. Miras a mis ojos que se miran en los tuyos, con una mirada ardiente que trata derretirme para fundirme en ti, extrañas la unidad primitiva ¿Y de verdad crees que yo puedo saciar lo que tiene hambrienta a tu alma?
El Santuario de Santa Teresa de Los Andes aún está inconcluso. Me gustaba ir porque mi papá compraba volantines y dulces de merengue, además había pasto y se podía jugar a la pelota. Era divertido el cínico aire de solemnidad que adoptaban las personas al entrar al templo; divertido porque se sabía que eran personas sin principios, y que sólo iban para allá por egoísmo, porque en su mitología ridícula,  ir a rezarle una vez al año les iba a ayudar a obtener las cosas que querían. Normalmente dinero, o más dinero, y cosas materiales como autos, casas, etc.
Recuerdo que algún compañero de colegio, no sé quien, tiró la pelota con la mano. Todos saltamos en un enredo enorme de cotonas café, bototos negros y preadolescentes transpirados. Empinándome con esfuerzo, mi cabeza prevaleció por sobre las de los demás conectando con la trayectoria del balón, pero en ese mismo momento, inexplicablemente y contra todas las leyes de la lógica, de alguna manera una pierna con su respectivo pie y bototo se elevó de tal manera que me pateó entre el cuello y la nuca. La vertiginosidad de la situación me hizo cerrar los ojos. Luego caí al suelo quejándome profusamente, y al abrir los ojos, la primera persona que vi en frente mío fue asumida por mi cerebro inmediatamente como culpable. Un niño más bien gordo y con cara de ratón, se llamaba Daniel. Era mucho más bajo que yo, y claramente no tenías las aptitudes morfológicas ni gimnásticas para la pirueta necesaria  para patearme el cuello en un salto. Fue un mecanismo de consuelo para mi autoestima. Siempre supe que a pesar de que irracionalmente vinculaba su rolliza humanidad con mi infortunio, no había sido él. Quién fue, nunca lo sabré. El culpable guardará el secreto hasta la tumba.
         Cuando te fuiste, Magnolia, dejé de escribir, estaba convencido de que no podía seguir sin ti, y qué pocos días me tomó olvidarme de esa convicción, volver a escribir inconscientemente, escribir por instinto. Pensé que sería muy dura la espera, y cuando me di cuenta, ya ni me acordaba que seguía esperándote.
         - El hoy es ahora, no esperes al mañana que puede no llegar a ser hoy, menos si estás hablando con un suicida, te puedes sorprender Magnolia-.
- ¿Me estás amenazando? Si me regalas dieciséis primeros besos, diecisiete últimas oportunidades. No te olvides de mi paciencia  también Tristán, que te puedes sorprender.  Tengo gran confianza en el futuro porque te conozco, se que estás encerrado en el laberinto rectilíneo, estás esperando a que el laberinto te deje salir, eres demasiado humano para arrancar volando.
Yo sé que con esa mirada buscas desarmarme.
¿Te has puesto a pensar en la manera en que nos encontramos los humanos sobre la tierra? es decir, he estado viendo algunos trabajos de Marina Abramovic y Ulay, que ni siquiera se refieren a esto, pero me han hecho reflexionar, hay una fotografía en que salen los dos, uno frente al otro, en actitud como de estar gritándose mutuamente. Sácales la ropa, sácales el fondo y ponlos en un bosque o en un campo, y piénsalo de nuevo, desvístelos de su cultura, quítales su civilización, y velos como animales netos, sólo como un atado de carne nervios y huesos. Qué horrible. Compartimos este lugar común que es el planeta en una lógica de violencia y enfrentamiento, debe ser una contradicción biológica, existir para andar por ahí recorriendo el mundo chocando unos con otros. Inventamos el lenguaje, me acuerdo alguna vez haber aprendido sobre la lógica formal, es sorprendente, admirable sin duda, el desarrollo de un lenguaje infalible, claramente le debemos mucho a ello. Pero a pesar de todo eso, se nos hace abismalmente difícil poder comunicarnos, no emitir y recibir sonidos, sino que comunicarse de verdad, participar de la realidad del otro, y hacer partícipe al otro de la nuestra, comprender lo que el otro quiere transmitir, ponerse en su lugar, entenderlo de una manera tal que nos sintamos ser el mismo emisor de lo que estamos oyendo, leyendo, sentir como él siente gracias a lo que el otro nos está comunicando. Podemos estar tan cerca del otro y a la vez estar tan lejos ¡Tan lejos! A veces cuando voy por la calle o cuando estoy entre medio de otras personas me da la impresión de estar viendo sólo a ciegos y sordos gritándose absurdos monólogos unos a otros, incluso a veces estando frente a frente. Y lo siento aún más cuando me sucede a mí, que por más que hablo con alguien, sé que no me está escuchando, o cuando alguien me está hablando a mí, a pesar de que le presto atención, simplemente no puedo compartir lo que me está ofreciendo, y me pregunto, cómo podemos ser tan miserables. Pero contigo, Magnolia, algunas veces sentí cruzar ese abismo, fue aterrador. Fue una sensación de desnudez el tenderte la cuerda para que cruzaras hacia acá también, y luego cuando te devolviste por ese puente Magnolia, no lo quiero recordar.
A veces me demoro a propósito cuando paso por afuera de tu casa, esperando que me gane la debilidad
Recuerdo un momento terrible en que estaba en mi pieza, y de pronto, sin ningún motivo especial, empecé a sentir como si la ropa me apretara, me inquieté súbitamente, el calor me sofocaba, un calor que no era real, pero que se sentía ciertamente muy espeso y pegado a la piel, y las paredes se inclinaban sobre mí, amenazantes, y el techo pendía como de un hilo, ansioso por aplastarme. Comencé a sentir de repente un vacío que quemaba como el hierro caliente, la piel tirante, y no podía dejar de frotarme las manos y de empuñarlas y apretarlas desesperado. Luego comencé a restregarme la cara frenéticamente, a pasarme las manos por el pelo y después a tirármelo, a intentar con fuerza abrir un poco el cuello de la camisa que me tenía encerrado. Y me rendí ante un bombardeo de recuerdos de frustraciones que no pude ignorar, no pude sacarlo de mi mente, estaba teniendo el ataque de ansiedad y soledad más fulminante que nunca hube experimentado antes. Me abalancé sobre la última cajetilla de cigarros y estaba vacía, quería borrarme por completo. Luego busqué por todas partes algunas monedas para comprar más cigarros, no encontré nada, o más bien solo algunas monedas de diez pesos que no alcanzaban para nada. Volví a sentarme desesperado, tenía unas ganas de morir como pocas veces tuve, y me asusté mucho pensando que estaba enloqueciendo, que se me estaba desatando la amenaza de esquizofrenia congénita que siempre estaba presente, pero ahora más real que nunca, como una baliza a poca distancia que anunciaba el colapso, y al mismo tiempo la desesperación se materializaba en un deseo de hundirme en una muralla de humo de cigarro que me noqueara, que me despedazara, que me regalara un momento de inconsciencia, de tranquilidad absoluta. Todo esto iba aumentando exponencialmente, y por más que intentaba pensar qué era lo que me estaba pasando, no podía encontrar ningún motivo. Puse música, Blue in green, Miles Davis, siempre me tranquilizaba, pero ahora tampoco estaba resultando. ¡Qué poco me conocía! No sabía qué me estaba pasando ¿porqué?, ¿será porque hoy te vi, Magnolia, o será por otra cosa? Qué era lo que estaba desatando esta desesperación, no lo pude saber. Habían tantos otros motivos para estar preocupado, tantos problemas del mundo y problemas del alma, y ningún refugio contra ellos que no fuera el cigarro, y sin embargo sabía que eso me estaba matando también, tú misma me lo dijiste un día Magnolia, que escuchabas el cansancio de mi pecho, como me rogaba por un descanso. Y mi abuela estaba muriendo de cáncer de pulmón, y sin embargo no podía encontrar ninguna escapatoria que no fuera llenarme de ese desagradable humo. Y busqué ayuda en una amiga, ella podría decirme algo que me tranquilizara, pero no, sus propios problemas eran tan grandes que no me atreví a cargarle los míos, es más, después de hablar con ella quedé más acongojado de lo que estaba, y no había nadie para darme un abrazo que me protegiera de esta inmensa soledad, en una maldita ciudad de más de cinco millones de habitantes, y nadie que me pudiera contener. Pasé por tu casa y no estabas o no me escuchaste, o no me quisiste escuchar, y tuve que seguir corriendo para ver si con la velocidad dejaba atrás estos fantasmas. En una esquina me vi atrapado por el viraje amplio de una micro que pasó casi rozándome, y tuve un impulso anónimo de arrojarme a su encuentro, hubiera sido lo mejor, pero sólo iba a servir para echarle a perder el día a más personas. La gente que venía en la micro, cansada del trabajo, y el chofér que probablemente iba a intentar evitar atropellarme, y si no lo lograba iba a tener que pasar muchas horas en fastidiosos trámites, y la gente en sus autos que se iban a quedar atrapadas en la congestión, la llegada de Carabineros, la ambulancia, los gastos médicos, la recuperación, el dolor, las secuelas… Y yo sólo quería que me dieras media hora de tu tiempo para tranquilizarme, o que alguien me disparara simplemente, o por último cruzarme en el trayecto de una bala anónima, innominada y perdida, para no tener que recurrir de nuevo al humo inmundo del cigarro que ya odiaba como odia el adicto a la heroína, y  que me estaba matando también pero de una forma ciertamente mucho más lenta, insoportáblemente lenta, y mucho menos poética a lo que sería beber la cicuta o cortarme las venas en una tina con agua tibia, o ahorcarme desde la rama más gruesa del árbol de tu jardín, o lo que fuera con tal de no tener que volver a esta prisión desesperante que es mi habitación, a seguir escribiendo este libro insoportable.


Magnolia IV

         Sofía, yo te llamé Gardenia desde el primer momento que te vi, aún antes de haber conocido a Magnolia, y aún después de haberme sanado de ella. Sofía, tenías unos ojos de misericordia que no podías evitar, parecías mirar con piedad a todo el que se te acercara, aunque no fuera así. No tenías maravillas, Sofia, nunca fuiste más que un barco perdido, naufragando en un puerto, nunca llegaste más lejos que el vuelo del pájaro enjaulado, no bailaste con el silencio del cielo astronómico.
         Un día me diste la espalda Sofía, clavándome con un Do profundo en la pared del vacío donde tú vivías todos los días, me atropellaste de la misma manera con que un alacrán acaricia a las larvas. Estará demás decir que nunca aprendiste el lenguaje de las panteras ni la mímica de los camaleones. Siempre fuiste pésima pescando estrellas dormidas. Pero a pesar de todo eso, debo decir, Sofía, que nunca hubo una persona que saltara sobre los rejas de las bibliotecas y construyera puentes de rescate mejor que tú, jamás vi una mariposa que se comparara a tu vuelo entre las páginas, dibujando con su estela pedazos de poetas, caballos de Dalí, grandes fiestas de Baco, fabulosas luchas contra titanes en el centro del universo, en la prisión cósmica, ganando al tiempo y al espacio como trofeos invaluables, patrimonios de los ojos y del alma. Sólo tú alguna vez me amalabaste el noema, Sofia, recuérdalo, esos salvajes ambonios que se espejunaban, se apeltronaban y se reduplimiaban sobre tus hurgalios, junto a mi troc, hasta que balparmándome los murelios bebíamos de la misma copa gritando con júbilo ¡Evohé!¡Evohé!
         Te miraba, Sofía, desde la ventana de tu pieza, como cerrabas la reja y volvías a entrar, yo te estaba esperando, sentado en tu cama. Me puse la camiseta porque de pronto sentí un poco de vergüenza. Siempre me sentía repentinamente ajeno cuando estaba desnudo en tu cama después de haber hecho el amor, te gustaba abandonarme siempre, siempre tenías un motivo distinto para levantarte y hacer algo en vez de quedarte conmigo. Siempre tuviste un motivo para no estar conmigo. Te ibas saltando por un camino de piedras que no sonaba, que no se veía. Cuando yo te invadía me abandonabas en un mundo en el que no se dan las gracias, en el que las manillas del reloj se mueven cada una en distintos sentidos. Y tú forma de acompañar era el silencio sordo, que resuena en los oídos como un silencio negativo, no ausencia de sonoridad, sino presencia de desgano comunicativo , y tu forma de no estar era una ola que con su embestida siempre arrastraba arena hacia el mar, pero siempre seguía habiendo más.
         Y de pronto subías las escaleras con tus pisadas de lobo hambriento, y llegabas arriba y me mirabas con tus ojos de ocelote disimulando, disparándome sin hablar un odio que no comprendía. Ya sabía lo que querías; que me marchara, pero no te lo iba a dar tan fácil. No me soportabas un segundo más de lo que te duraba el orgasmo, como una lluvía que caía sobre todo Santiago, por veinte minutos, por veintidós minutos, por treinta y seis minutos, volver a empezar, por treinta y tres minutos más, o por veintinueve minutos más, y luego recogías tus manos desde todas partes, tus dientes, tus ojos desparramados por el suelo, debía separarte alquímicamente de la sábana enterrada, del ataúd colchón en el que morías, en el que me querías matar y te revivías, y yo te buscaba tu mirada con la mía y no la encontraba sino de casualidad pasando de esconderse entre la pared y el suelo, y entre el suelo y la ventana, y entre la ventana y la puerta. Y cuando la encontraba, tu mirada me silenciaba el pensamiento. Nunca te entendí. Nunca entendí a nadie. Que ganas de decírtelo, de gritarte ¡Toma tu antipatía y ándate al carajo! Pero era más que eso, era un bosque que habitaba afuera de tu habitación, un puente roto que brotaba desde ti en todas las direcciones. ¿Todavía piensas en ese charlatán que te lee Rimbaud sin pintar la alquimia del verbo con los colores de la basura de ayer?
De verdad, no he conocido a ninguna persona que no fuera una isla, ninguna persona que no fuera imposible de alcanzar en su profundo más centro. Que tarea la imposible. Que soledad la insondable. Y todos andan correteando por ahí ansiosos de felicidad, tan obligados a desear la felicidad, si la alcanzaran seguramente no la disfrutarían, el espacio del deseo, el saco roto. El anhelo de la felicidad te hace consciente de su ausencia. Desear es asumir su ausencia. Sigues siendo infeliz por andar buscando la felicidad, Sofía, y que culpa tengo yo.  
         Te robaría, Gardenia, a ti, o en verdad, a cualquier otra, o a Magnolia. Si el amor predefinido existe, entonces no eres especial, si no existe, entonces no lo eres tampoco, entonces puedes ser cualquiera y no ser tú, cualquier nombre que empiece con S o con F o con B, o con C, o entonces cualquier chica que he visto agachada en la calle recogiendo un gatito, o te he visto en cualquier fila de supermercado, o acostada en un sillón jugando con tus pies, o entonces te he visto desde una ventana muy alta, sentada en una plaza esperándome que termine de trabajar. Quizás te he dicho ¡hola! En un ascensor entre un piso 6 o un piso 15, y me bajo a continuación con el pecho lleno de palabras. O fuiste la aguja que me tatuó el brazo, o la mano que sostuvo la aguja, o el pelo casi crespo, los ojos casi hermosos que vi a través de los lentes, el dolor casi paciente que soporte mirándote. Tal vez fuiste la que imaginé cuando leía Stendhal y que atrapé luego en un libro empastado en imitación de cuero verde con letras doradas, la que se clavó como una aguja a martillazos en un dibujo de mi pared, inconsciente de estar dibujando milimétricamente tu retrato fallido, oculto en un dios hindú de cuatro brazos desproporcionados, que luego tuve que borrar y volver a dibujar por ser insoportablemente alegórico. La que intenté ignorar estoicamente cuando te vi en el metro y luego corriste a saludarme con tu cara de fantasía intacta como la primera vez, y me conversaste con tu agitación que tanto conozco, que no puedes ocultar, atropellando las palabras como sólo lo haces tú cuando estás nerviosa.
De verdad te robaría, te encerraría en un día nublado que amenaza con llover, porque sabes que esos días son los nuestros, y porque sabes que sé que también en estos días así piensas en mí. Y así nunca más podrías huir. Podría retenerte por más de dos semanas, que es lo que dura el ciclo de tu apego. Andando y desandando la misma historia, borrando todas las noches lo escrito para volver a escribirlo y volver a borrarlo para volverlo a escribir. Magnolia, sabes que si quiero te escribo un poema. ¿Qué diferencia tendría si la próxima vez te hiciera el amor en la luna? ¿Con que fe me duermo cuando despiertas del sueño de haber dormido que soñabas que tu fe me duerme despierto cuando crees que no creo, y creo que crees que sueño con tu sueño y no sabes que sé qué crees que quizás mañana, quizás otro día, y quizás te duermes en tu fe que piensa que sé y sabes que pienso que no crees en lo que sabes, que más bien no sabes en lo que crees, que esperas que crea lo que crees para creer que te crea, querer que te crea para creer que también quiero creer lo que crees, creer que en esta vida también, que en esta vida si, que en esta vida aunque, que en esta vida siempre.

         ¿Te puedo contar un secreto, Magnolia? Cada vez que paso por afuera de la casa donde vivías, miro tu ventana, esa ventana sin cortinas, y espero que se cruce al menos tu recuerdo, al menos tu fantasma, que para mi sigue viviendo ahí, entre esa pila de recuerdos que no se pudieron quemar, y te he santificado en mi memoria coronándote con la estrella que tú misma pescaste en la turbulencia de una noche sin cielo. Te erigiste, Magnolia, como un memorial, propio de tu naturaleza alegórica, para el recuerdo de todas las personas a quienes amando he dañado, razón y ser de todas las culpas, sentido de todas las búsquedas. Regrets! Regrets! Regrets! La arquitectura contradictoria del devenir que me he dado, que me ahoga cuando la pienso… Shanti! Shanti! Shanti!

Magnolia III

¿Cuál es la posibilidad de dos suicidios en una familia? ¿Cuál es la posibilidad de reencarnar en un hermano, en un sobrino? ¿Cuantas vueltas da la rueda antes de tomar conciencia de que está girando sobre sí misma, finalmente indesplazable, y sólo mirando cada cierto tiempo desde distintas ubicaciones hacia el mismo centro? ¿Cuántas reencarnaciones toma descubrir que lo que cambia no es lo visto sino el lugar desde el que miramos?¿Cómo no volver a cometer los mismo errores cuando en la rotación pases de nuevo por el punto donde ya has estado?¿En qué momento te rendiste, Tristán, a la inercia de la calamidad?
         Todo esto me pregunté en un momento cuando la serpiente me dejó solo para meditar sobre lo que vio a través de mis ojos, sobre lo que oyó a través de mis oídos y lo que sintió por medio de mi piel

         Me paré del suelo y caminé, la arena de la playa estaba caliente, casi insoportable, yo me acuerdo que estaba sólo, tú recién te habías ido, Sofía, enojada con esa forma de enojarte que tienes tú, que es como dejar todas las cosas en el suelo y dar media vuelta, un enojo cobarde. Comencé  a caminar hacia la escalera del borde de la playa, eran aproximadamente las cinco o seis de la tarde, por la posición del sol. Había poca gente en la playa, y los dos hombres que venían caminando en dirección hacia mí me parecieron muy extraños, se acercaron más de lo normal, y antes de que pudiera hacer algo, me sujetaron fuertemente para intentar robarme, luego de un forcejeo logré liberarme y me embargó una furia sin sentido, absurdamente descontrolada, comencé a golpear al que tenía en frente mientras el otro miraba atónito como le partía la cara a su cómplice, puñetazo tras puñetazo sin descanso, ignorando el dolor de las manos, los nudillos que comenzaban a romperse y la sangre que comenzaba a brotar de su nariz que prácticamente había explotado, de sus labios deshechos, de sus pómulos machacados. El que estaba a mi espalda huyó inmediatamente. Luego de un par de minutos así, el desconocido que tenía frente a mí cayó al suelo con un sonido sordo, sin pensarlo me abalancé de nuevo sobre él, con un ímpetu renovado seguí golpeándolo, sin saber porqué, sólo sabía que no podía parar, aunque me resistiera, una fuerza extraña se había apoderado de mi, seguí golpeándolo en la cara, sólo en la cara, y me enfurecía más que aún moviera los brazos y las piernas en pobres intentos de quitarme de encima de él. Los puñetazos le caían como meteoros sobre los ojos, sobre la boca, sobre los pómulos, y yo estaba enceguecido, de pronto sentí un sonido asqueroso como si rompiera una sandía, un crujido de huesos que empezaban a ceder, la superficie de su cara ya se sentía blanda, como estar golpeando un saco de harina, y la sangre había inundado todo, y aún así se seguía moviendo el maldito. Sabía que ya estaba malogrado, que nunca se iba a poder recuperar de esa paliza y eso me dio una sensación de asco y remordimiento, pero no fue suficiente para saciarme, saqué el cuchillo que por algún extraño motivo tenía en el bolsillo y comencé a rebanarle el cuello, fue más difícil y cansador de lo que hubiera podido imaginarme y seguí con un esfuerzo heroico hasta que por fin, extenuado, logré que su cabeza se separara por completo de su cuerpo, y el movimiento de brazos y piernas se detuvo. Me paré y lo miré, ya estaba quieto y la sangre seguía fluyendo, siendo absorbida por la arena. Yo estaba manchado de sangre por completo, era una sensación asquerosa, la sangre un poco pegajosa pegada a las manos, a los brazos, a la cara, sobre toda mi ropa, y el sol seguía pegando tan fuerte, no había ninguna sombra para cubrirse en toda la playa, el sol ya se encontraba un poco más bajo y  daba directo en los ojos, por lo que era difícil no encandilarse, y la ropa empapada de sangre y sudor se me pegaba tibia a la piel, lo que me hacía sentir aún más incómodo. Comencé a caminar sin dirección por la playa, la gente me miraba con horror pero me tenía sin cuidado, sólo quería quitarme de encima esa ropa asquerosa, debo haber caminado unos veinte minutos más hasta que caí rendido por el cansancio y me senté en la arena, apoyando los codos en las rodillas, y la cabeza en las manos, cerré los ojos y me quedé así mucho rato. De pronto comencé a oír un sonido detrás de mí como si algo se arrastrara por la arena, volteé la cabeza para mirar y me encontré con la serpiente negra que ya estaba junto a mí, con sus enormes fauces dislocadas por completo y me comenzó a devorar sin prisa nuevamente, estaba tan cansado que no pude oponer resistencia, sólo vi como la luz se iba apagando de a poco hasta que volví a caer dormido o inconsciente y no recuerdo más.

Magnolia II

Cerré los ojos con fuerza, apreté los dientes, tuve mucho miedo, nunca tuve tanto miedo como en ese momento, y con una chispa de resolución que brotó de no sé qué parte, apreté el gatillo. En un segundo que duró una eternidad, hubo un bramido como un trueno, un destello fulminante, y luego un dolor tan intenso y real que parece que lo estás masticando en tu boca, que te hace olvidar por un momento todo lo demás. Sé que morí con los ojos abiertos porque la sorpresa del impacto me hizo abrirlos, como si no supiera lo que estaba pasando. Pero inmediatamente se fue todo, desapareció el dolor terrible y se hizo un silencio tan grande que se sentía como un silbido, que en verdad es el hambre del sonido.
         Con una sensación indescriptible, que lo más cercano para llamarla sería un mareo, sentí como me despegaba de mi cuerpo, como si por parte te desconectaras de tus sentidos, de tu intuición, de tu ser, de tu estar. Luego que pasó eso ya no vi ni oí más. Yo me esperaba una luz al final de un túnel, un flashback de mi vida, una sensación de volar, pero nada de ello ocurrió. Sentí que de alguna manera algo me succionaba hacia mi interior como un boquete repentino en el fondo de un recipiente, pensé que la muerte nos acerca al ser, y  sentí miedo y luché por aferrarme a las superficies de la conciencia, y sentí como se adelgazaba mi presencia, siendo arrastradas por la succión las partes más ligeras, hasta que no pude aguantar más y me solté para ser llevado.
         Me invadió una sensación de vértigo indescriptible a la vez que no podía experimentar ninguna sensación, algo que no sé explicar. Era arrastrado por esa succión poderosa que también me desarmaba cómo el viento al humo del cigarro. Sentía estar cayendo a través de un vacío que se hacía infinito, y el lugar se aparecía como un domo misterioso o un enorme recipiente que se volvía a la vez muy profundo y cóncavo. También a medida que caía la oscuridad iba aumentando hasta que llegué a una profundidad en que la oscuridad era tal que parecía como si una materia negra y ciega inundara todo, una oscuridad densa que se me quedaba pegada. Y el vacío, el vacío era estremecedor, un vacío duro, cargado además de una energía invisible que se adivinaba latente en todas partes.
         De repente dejé de caer, sin impacto, sin aterrizaje, sin golpe, sólo dejé de caer y me quedé flotando donde me encontraba. Una presencia me invadió por entero, una presencia que sabía incorpórea, pero que adoptaba una forma que me abrazaba casi sofocándome, se enrollaba sobre mí, fría, casi muerta. Era algo desconocido, pero tenía la forma de una gran serpiente negra, sus escamas eran espejos que reflejaban la profunda negrura del lugar, la veía enrollarse y moverse, veía su cara sin ojos, sin oídos, sin nariz, sólo tenía una boca muda, que sólo servía para devorar, pero no veía su cola, parecía no tener fin, sólo aparecía y seguía apareciendo a cada segundo.
         Cuando ya me había enrollado por entero puso su cara en frente mío, muy cerca, pude ver los detalles de sus escamas de espejo, que parecían estar grabadas con palabras indescifrables, pude ver sus dientes afilados, y la lengua que iba y venía instintivamente cortando el aire, tanteando y husmeando. Pude ver los bultos como cicatrices que se encontraban donde debían estar sus ojos. Se movía intuitivamente sin poder ver hacia donde, solo sintiendo con su lengua los sabores de los que se impregna el aire, y cada cierto tiempo parecía nutrirse de la energía que flotaba en el ambiente.
         Mucho tiempo (o puede haber sido solo un segundo, acá el tiempo es una sustancia tan extraña) me pregunté que era aquella criatura, y por qué habitaba en ese lugar, que según yo interpretaba, de alguna manera era un lugar  dentro de mí mismo, quizás detrás de la conciencia, dentro de la mente pero fuera de lo pensado, algo así como una prisión primitiva, un hades material-espiritual y personal, lo más parecido a una caja de pandora, un purgatorio de pensamientos.

         Tenía un miedo desnudo mientras la serpiente me atrapaba, pero un miedo insustancial, que más parecía un presentimiento desconocido que un temor experiencial. La gran serpiente negra abrió su boca muda desencajando lentamente su mandíbula, sin hacer ningún ruido, y sin más me comenzó a devorar en un sólo gran bocado, sin dolor, sin sensación, sólo me iba devorando lentamente mientras me adormecía por algún motivo, hasta que finalmente todo se apagó y me dormí o perdí el conocimiento o algo así. 

Magnolia I

Mi nombre es Tristán, el apegado, el desarraigado, el pintor de espejos, pero mi suicidio me ha abierto los ojos. He elegido nacer en mi nueva forma, trascendentalmente explicativa. He elegido nacer ahora, pero en un nivel más profundo de reflexión, el momento me ha elegido a mí. Porque cuando morí, el proceso duró solo una fracción de segundo, muerte instantánea, dijeron los forenses, suicidio pasional, dijeron los periodistas. “Cuadro esquizofrénico grave con alteración de la percepción, afecto anormal sin relación con la situación, negación de la realidad de forma inconsciente. Recurrente crisis delirante, estado maníaco, cuadro depresivo con contenidos psicóticos y un estado confuso onírico. Posible detonación por un estado depresivo grave, ambiente familiar desfavorable, sensación de abandono. Ausencia de tendencias suicidas conocidas que hicieran posible prever lo acontecido. Aparición del cuadro dentro del rango de edad típico para los hombres, entre los 15 y 25 años”, dijeron los psiquiatras. 

Advertencia

Hasta este punto, “Magnolia” es un libro que empieza y termina. Perfectamente puedes cerrar el libro en esta página y considerar haber leído la historia completa.  Tristán efectivamente se suicidó. Para mayor ahondamiento en los hechos no narrativos posteriores a la muerte de Tristán, puedes continuar leyendo. Aquí empieza la parte II.

martes, 24 de junio de 2014

Magnolia Epílogo

(Carta hallada dentro del libro “Magnolia”, que encontraron manchado con sangre al lado del cuerpo muerto de Tristán) 

Querida Magnolia:

Recuerdo cuando te escribí diciendo que no era un mártir. No he cambiado mi forma de parecer, te escribo esta carta póstuma para que entiendas porqué.
Me he ahogado en un río metafísico. No iba a permitir que tuvieras el placer de salvarme de nuevo. No. Magnolia, no hago este sacrificio por amor. En otra vida te amé, te amé desesperadamente mi mariposa blanca, pero ahora te odio, te odio más de lo que te amé nunca.
Hoy me suicidé Magnolia, y cuando veas esta carta, espero que estés llorando y sufriendo mucho, no por mí, Magnolia, sino por ti. Gané Magnolia, gané esta vez, y te diré porqué. Vendrán más vidas de tormentos, vendrán más momentos para amarte y sobre todo para seguir odiándonos Magnolia, pero yo ya he terminado de sufrir esta vez. Con mi muerte invierto los roles Magnolia, como lo hiciste tú en la vida pasada; en la próxima vida  te toca cargar las cadenas a ti.
Con mi muerte yo simplemente muero Magnolia, es el fin del camino para mi, con mi muerte yo me duermo y me libero temporalmente de ti. Sin embargo a ti, Magnolia, con mi muerte te ato a mi recuerdo atormentador por el resto de esta vida, ahora te quedará cargar con mi muerte en tu conciencia hasta que seas lo suficientemente valiente para morir, y prepararte para enfrentar la próxima vida de castigo que te espera.
No puedes negar que es un plan brillante. Nos vemos en la próxima vida mi querida Magnolia, estoy ansioso de ver si te sacrificaras a perdonar por amor para salvarnos a los dos, o si te vengarás de mí una vez más, ahora la decisión está en tus manos.
Se despide tu eterno odiado y enamorado hasta el fin de los tiempos.

Tristán




Fin.

Magnolia XV

         Eran las siete de la tarde, el tiempo corría tan lento que parecía que recién hubiese sido creado y aún no hubiera aprendido a caminar. Tomé papel y lápiz y me puse a escribir. Te escribí un libro y una carta Magnolia, testimonios de mi determinación, artefactos de mi venganza. Las paredes de mi habitación me apretaban como una viñeta mal dibujada, me sentía como un patético personaje de una novela triste, y estoy seguro que eso es lo que soy.
Llamé a ese libro “Magnolia” ¿De qué otra forma lo hubiese podido llamar? No era un libro largo, no era un libro hermoso, no era un libro interesante. Era un libro triste y malo en el que relaté nuestra historia, la historia de una condena, lo hice para ti, para que pudieras entender el porqué de mi actuar, y doblada después de la última página dejé una carta para ti.
Pasé toda la tarde escribiendo y gran parte de la noche. Ya me había pertrechado durante el día con el último instrumento para mi venganza.

Cuando terminé de escribir todo, me senté en mi cama. Puse el libro al lado mío. Me puse muy inquieto mientras miraba mi reloj, y cuando marcó las 05.17 AM con sus números blanquecinos miré alrededor y apagué el último cigarrillo. Suspiré, puse el revólver contra mi sien, y con calma apreté el gatillo.

Magnolia XIV

No soy un mártir, Magnolia, al menos no en esta vida, es que te odio tanto que no te puedo perdonar, aunque eso signifique librarme de este yugo, no podría aguantar liberarte a ti. Ya he tomado una determinación Magnolia, no me importa morir, pero no lo haré por ti, no lo haré por tu calma.

Magnolia XIII

Ya te estoy olvidando Magnolia, de nuevo, y lo digo en serio. Si me siento a imaginarte, tus bordes se desdibujan en mi mente, y tus ojos ya se ven como manchas coloridas. Ya no tienes el filo del acero. Ayer vi una foto tuya y no te reconocí, hoy me sorprendí en un momento del día no pensando en ti. Lo único que no se ha debilitado es mi odio por ti, hoy lo siento más ardiente que nunca. Me gustaría poder reconocerte de nuevo en la calle para estrangularte, esta amnesia no solo me protege de ti, sino también a ti de mí.
Ya te estoy olvidando, Magnolia, y me he tatuado la mandala que me dio la gitana en mi sueño. Me protege de tu recuerdo, pero no de mi odio. Lo siento, como me quema por dentro, como contamina el fluir de mis pensamientos, un odio anónimo, no dirigido a ti, pues tu recuerdo me es vago, un odio hacia el dios que te puso en mi camino, un odio hacia el destino que te unió conmigo. Magnolia-Negra, negra como el alquitrán. Hay ríos metafísicos que son un gran peligro, y en ellos me estoy ahogando.
Hoy te vi Magnolia, en mis pensamientos de la mañana, desperté temprano, por un segundo pensé en ti y te vi tan clara, tan limpia, me costó creer que fueras tú, Magnolia, Magnolia de mi sufrimiento, Magnolia de mi condena, me mirabas distinto. Tú eras distinta, Magnolia, ni siquiera tus ojos, tu esencia, eran los mismos. Te vi como volabas aleteando suavemente, Magnolia, y de repente te dividiste en dos. Como un flash recordé lo que había olvidado Magnolia, tu dualidad. Te vi volando frente a mí, Magnolia, en tus dos avatares, Magnolia-Mariposa Blanca y Magnolia-Mariposa Negra, y por mi cabeza pasaron en un segundo muchas escenas olvidadas, muchos momentos que eran tan pocos, una eternidad en un segundo. Y los recuerdos de ti son un segundo en una eternidad.
Comprendí, Magnolia, que en dos vidas te he amado, y que en dos vidas te he odiado, Magnolia. Magnolia-Blanca, recuerdo que moriste en mis manos,  recuerdo que moriste por mí. Magnolia-Blanca, te ahogaste en un río metafísico por rescatarme a mí. Perdóname Magnolia-Blanca, perdóname por favor, viví el resto de una vida arrepentido, culpándome por tu muerte, Magnolia-Pureza, Magnolia-Ángel, daría todo por morir en tu lugar, donde estás Magnolia amada, sé que no te puedo encontrar en ningún lugar, has vuelto a este mundo en una nueva forma, yo sigo siendo el mismo pues me toca pagar. Pero esta nueva forma perversa tuya, Magnolia, apenas puedo creer que seas tú, ¿Te has venido a vengar? ¿He de morir por ti en esta nueva vida? Cómo puedo sacrificarme por amor Magnolia, ya no me puedo redimir, pues ya te odio Magnolia-Negra, pues sin embargo eres tú, eres el objeto de mi tormento, ¿Cómo me podría sacrificar por amor? Soy el mismo Tristán desesperado. Me condenó al sufrimiento tu sacrificio por una vida entera y ahora nuevamente sufro porque estás viva. ¿Qué dios sádico nos condeno a este destino? Sé que ni tú lo sabes, Magnolia, que ni lo sospechas. ¿Por qué debí recordarte en aquel sueño? No lo sé, Magnolia, nunca he podido ver la indeleble cadena que nos ata, debe ser que nuestro destino está escrito en las estrellas pero no lo he podido leer, ¿Cómo podemos escapar de este ciclo de sacrificios y castigos? ¿En qué avatar aún anterior a los que conozco habremos pecado tanto para merecer esta cadena que trasciende la eternidad? ¿Cuándo terminaremos de redimirnos?
Creo que seguimos amarrados a este destino porque siempre terminamos odiándonos, creo que un sacrificio de amor infinito nos liberaría, ¿Pero cómo podría ya morir por ti, mariposa negra? Sé que debiera perdonarte para merecer mi propio perdón, pero te odio tanto en esta nueva vida. Soy un egoísta, lo sé. Probablemente volveremos a morir, y volveremos a vivir para seguir odiándonos, porque sé que tampoco lo harás por mí.

Así como tú eres una dualidad mariposa blanca-negra, nosotros somos también una dualidad, un Sísifo Magnolia-Tristán. Cargamos con nuestro odio hasta llegar al final, solo para volver a empezar. ¿Cuál es mi dualidad, Magnolia? Ojalá fueras un espejo para poder ver en ti mi realidad, ¿Qué te habrá dicho de mí tu gitana? ¿Habrás despertado de sueños extraños gritando ¡Tristán, Tristán!?