martes, 4 de noviembre de 2014
En el fondo, ella tenía miedo y lo sabía, porque sabía que no iba a funcionar, como quien sabe que saliendo de casa le pasará una desgracia, y así fue. Él la encontró, como siempre, abandonada en sus limites, con una voluntad débil y drogada por los años de autocomplacencia, los años de trabajo activo como analgésico de su profunda autoculpabilización. -Los años han hecho estragos en nosotros, ya somos como árboles jorobados por el viento, rígidos en nuestra decadencia. Y sin embargo somos divinos aún... bueno, al menos yo-. El animal sacrificado en el altar de dios, por compasión, se desangra lentamente, y entregado en ofrenda, ofrece su cuello por la salvación de su pueblo. Sin embargo nunca la sangre es suficiente, y ella, en el fondo, no quería ser salvada. Él se despidió austeramente, nunca más la volvió a besar ni volvió a atender sus llamados, aunque alguna vez años más tarde lloró su recuerdo. El animal sacrificado, finalmente, en su sacrificio sólo se salva a si mismo.
domingo, 2 de noviembre de 2014
martes, 28 de octubre de 2014
viernes, 24 de octubre de 2014
Los gemelos y el pensador
Los gemelos y el pensador, son dos formas de plantear una situación: El problema no tiene solución. Cada vaso que se recuerda, en vano rescata el pensamiento del presente, y se vacía una vez más en el fondo del mundo. Paloma sideral es el recorrido del pensamiento, la velocidad del pensamiento, el espasmódico pensamiento. El pensamiento. Y se vacía una vez más en el fondo del mundo, el problema tiene solución, hay dos maneras posible de plantear la situación: Los gemelos y el pensador.
viernes, 17 de octubre de 2014
En el día de los santos un sol cae a la calle
y los andamios cansados de la muerte hoy se caen,
las esperanzas se han quedado al sur de dios
y el vagabundo de la montaña canta una canción:
<< Ay ay ay que te he visto venir
que el amor que se aproxima que tenga paladar
que tenga patronal, que tenga muladar
que tengo evicción, que tenga revolución,
y que sea como un ángel para poder ultrajar>>
y los andamios cansados de la muerte hoy se caen,
las esperanzas se han quedado al sur de dios
y el vagabundo de la montaña canta una canción:
<< Ay ay ay que te he visto venir
que el amor que se aproxima que tenga paladar
que tenga patronal, que tenga muladar
que tengo evicción, que tenga revolución,
y que sea como un ángel para poder ultrajar>>
viernes, 3 de octubre de 2014
Tus palabras de fuego son un hielo suave que calla lo que expresa, el silencio es la onomatopeya de la muerte, y acá, el silencio cargado de sentido no se interpreta tanto como la tempestad que zarandea la nave frágil, sino como la quilla que explota en proyectiles que arañan la superficie del mar, un herida leve que no hiere pero que se lanza como un mártir contra la culpa del verdugo, que matando al condenado se malogra más a si mismo que al decapitado.
Tengo que protegerme de los mausoleos hambrientos que eternizan el llanto de la pérdida, descentrando la sujeción desde la pérdida a lo perdido, y reconstruir como premisa cada centímetro del vacío indemne, paz ante la discordia, que el tiempo que se arrastra en el viento y la fragancia de la libertad profunda disolverán ya el sentido de la pérdida, y bien adentro en el centro de la emoción, la fibra que es perdonada es liberada de la presión, la tarea es descargar la opresión, y cerrar los ojos, estirar las manos, y repetir con tranquilidad el mantra de la sanación: Ante tu mundo hermético, ¡Aceptar, aceptar, aceptar! no exigir ni presionar, ¡Aceptar, aceptar, aceptar! al mundo como viene y nada más.
Tengo que protegerme de los mausoleos hambrientos que eternizan el llanto de la pérdida, descentrando la sujeción desde la pérdida a lo perdido, y reconstruir como premisa cada centímetro del vacío indemne, paz ante la discordia, que el tiempo que se arrastra en el viento y la fragancia de la libertad profunda disolverán ya el sentido de la pérdida, y bien adentro en el centro de la emoción, la fibra que es perdonada es liberada de la presión, la tarea es descargar la opresión, y cerrar los ojos, estirar las manos, y repetir con tranquilidad el mantra de la sanación: Ante tu mundo hermético, ¡Aceptar, aceptar, aceptar! no exigir ni presionar, ¡Aceptar, aceptar, aceptar! al mundo como viene y nada más.
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