viernes, 19 de septiembre de 2014
cuando me sumergí, dentro de mi escafandra, huérfano de mi batiscafo que huyó aterrorizado, caí desnudo entre las mareas rojizas de la magnolia, y me ahorcaron. En la confusión de la asfixia, compulsivamente quise abrazarte, y tus palabras se vaporizaron con la luna de septiembre, estigmas amarillos por todas partes, desaparecieron como de costumbre, volví a fallar, y me dejé caer cercenado, vacío de todo magnetismo que pudiera contener mi pérdida de unidad. El suelo estaba frío como siempre, pero se sintió glacial al contacto rudo, mil agujas de hierro se clavaron en mi cuerpo, y la culpa mordió como el licántropo del aislamiento, profiriendo en soledad un arrepentimiento sordo de explicaciones, y tu te ríes y miras para el lado, y el orbe rota incesante, y en un punto de esta casa, el tiempo se queda estancado en una gravedad particular, que absorbe con la fuerza de un ciclón creando un vacío de densidad infinita, y tu te ríes y miras para el lado, y mi ruiseñor enjaulado se calló otra vez, degenerando en un espectro un poco más, la fricción de las manos en la cara, la vista empañada, y desear dormir muchos años, esperando que el titán del tiempo arrase contigo como el invierno con las magnolias.
jueves, 18 de septiembre de 2014
Un mamífero monumental recorre cansado el suelo de rocas, la montaña es la pecera de los cielos, y su maraña negra es pura melancolía. Cargar cargar es la canción del atardecer, y unas guirnaldas verdes le cuelgan de los cuernos majestuosos, cada hebra de la cola es un quejido gutural, tiene la mirada taciturna del animal cansado de rasgar las piedras, la vida de las montañas es una trenza de lamentaciones, pero el aire es místico, y parece ennoblecer la austeridad de las raíces.
Con mi ceniza ungiremos la frente de los zorzales que coronan el atardecer, en trayectorias divergentes desde el sol hacia cualquier lado, así volaré conmigo en ellos, en expansión y retorno, en dispersión y particularidad, y sus sombras sobre el agua coloreada por la luz crepuscular parecerán pequeños peces agitándose, y la noche con sus nubes oscuras devora la luna sin parecer más claras que el aire mismo, en el aire se adivina un aullido por estallar.
Para estar seguro de que este no es un hermoso sueño, he de apelar al maravilloso hipócrita manchador, el varón del hombre, y funesta fábrica prevalece entre los hombres, el varón del cielo. Y te invoca Sardanápalo en su vestíbulo acondicionado, en su improbable Nínive, la cerradura de tu palacio es un gato de Schrodinger , y el fuego consume ya las cortinas. Nombres de la muerte bailan en la azotea, con distintas formas palpables, rojas, azules, amarillas, etiquetas del dolor, explotan los cueros en ampollas sulfuradas, la pena ríe y el miedo aúlla, suenan en la puerta los tambores que anuncian el final, y se sobrecogen todos los corazones que habitan bajo este sol bendito, que perdonará a todos los condenados.
sábado, 13 de septiembre de 2014
De nuevo me encontré con el rumor del viento tibio, soplando desde el sur, y las hojas murmuran un secreto entristecedor. Esta vez me tomaste entre tus manos, y yo te invadí imprudentemente como una llaga persistente, y así, me deslicé en la noche para encontrarte, y usé al frío para abrazarte. Me encontré en tu mirada comprensiva de espectros cargados, de la sombra en la que del tiempo a la impaciencia se tiende una telaraña que nos envuelve y amordaza. Me encontré en tu mirada y de pronto la brisa tuvo sabor a pasado, y en un abrazo desanduve años. Que no debiste, que no supiste, que no quisiste. Y tendiendo entre tu frente y mi frente un puente ciego, cruza el amor, yo cruzaré los dedos. Como el ciclo de un cometa de dimensión sentimental, gracias por venir y gracias por estar.
Cuando mate a la palabra, que el silencio baile, y estando más cerca tuyo, que la historia se abalance. Que el tiempo se desgaje hasta que la culpa cuaje, y que la espera se desangre ante la persistencia incesante, que el anhelo se haga carne como el estandarte del principio del final de todas las búsquedas, de un ingenuo sueño adolescente.
Cuando mate a la palabra, que el silencio baile, y estando más cerca tuyo, que la historia se abalance. Que el tiempo se desgaje hasta que la culpa cuaje, y que la espera se desangre ante la persistencia incesante, que el anhelo se haga carne como el estandarte del principio del final de todas las búsquedas, de un ingenuo sueño adolescente.
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